viernes, 31 de diciembre de 2010

Más pudorosos que Dios

DICHOSOS los que baten palmas
y hacen ruido con los pies,
y contestan a los títeres, al
actor que bromea y ríen,
dichosos
el sordo que canta y silba
y el ciego afinado que mueve su cuerpo
y apunta su cara al cielo.
Dichosos los que saludan
por la calle,
bailan, sueltos
de andar, de nada para perder,
más pudorosos que Dios,
sinvergüenzas, dichosos.
Dichosos los que copulan
dormidos, y al despertar
copulan despiertos,
los viejos que charlan con
sus atadillos, y se burlan de las palomas
y del frío.
Dichosos los que lloran
porque son tristes
y los que ríen cuando
la lluvia empapa lo puesto
a secar, dichosos
el rojo, el azul y el amarillo.

De La dicha (2004), recopilado en La mitad de la verdad (ambos en bajo la luna editorial, 2008).

jueves, 30 de diciembre de 2010

La brasa, ahí

El tiempo que demoras en terminar cada cosa
igual al de las cosas a medio hacer.
Nada perturba:
ni la conciencia ni la ensoñación de ver algo
hecho y cerrado.
A modo de hilván y a medias todo.
Que un límite no cierre lo que no quieres cerrar: parece más vivo
lo inacabado. Allí el vestido sin doblar,
allí los hijos, idos; así un final, como un principio, entremezclado y sucio
de arena del reloj.
Así irresuelta, desparramado un eco, la brasa, ahí,
sin atizar.

De Poemas irresueltos

martes, 28 de diciembre de 2010

Personas

FRIDA KAHLO


Pintó el autorretrato, la risa
pérfida, incólume.
Un pasamanos le atraviesa el cuerpo,
parece más cruel que una cruz;
en el pubis hay
un cartel, casi
ilegible, "la vida es hermosa".
***
SOR JUANA


Hermana, hemos errado otra vez.
Tuviste conocimiento, y yo
algo me sé.
Los necios acusan como necios.

¿Por qué hiciste, Juana, de verdad
una ficción?
Finge
que no sabemos.
***
SAFO

Amiga, Safo, nos hemos confundido. Él
no era ella, y
ella
se había disfrazado
de él. Ni siquiera
Catulo, el pérfido, pudo
notarlo, ni los dioses
quisieron
darnos una sola señal.
El amor quizá sea nuestro
deseo único: el otro
se confunde
como la niebla,
blanca. Te has cantado a ti misma,
¿lo ves ahora,
amante?

De Solo de contralto (Galerna, 1998), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

jueves, 23 de diciembre de 2010

Si dijera que este bosque es una cortina

Paisaje


Si dijera que este bosque es una cortina,
acacias envalentonadas por el verde claro,
el amarillo rimbombante en la flor,
así embisten la altura, la delgadez los pinos,
mareado, mecido o arrastrado todo por Viento,

qué figura lírica bastaría,
qué estructura o forma
anularía la demasiado dulce
transcripción naturalista,
esas zonas que Cézanne puso en blanco,
para no equivocarse y/o dejar de mirar.

Inédito

martes, 21 de diciembre de 2010

¿Quedará sólo el trazo?

PENTIMENTO


Si se desvanece la capa gruesa de témpera
y lo que vio
fue mascarada y miseria, miseria y mascarada
qué queda de mí, qué sucede
si la cuota
de lavandina no desarma
pero desvela
eso que no fue sólo miseria,
angustia, en colores, chicos y chicas
bailando o sufriendo en colores
¿quedará sólo el trazo?
¿el multiforme pero no un trazo
rudo, ascético,
mudo?
¿y quedará como cicatriz o
llano dibujo,
no muy dolorido, ni siquiera aburrido, que
devino de mí, de fábula y realeza?

Si la témpera se opaca por la lavandina
¿quedará acuarela?
¿Habrá textura con qué
ver que el arrepentimiento no lo tengo
no era mío
ni existe?
Y quién, qué
desviste la pintura
semejante.

El subrayado pertenece a Thomas Mann.
**
De La calma (Ediciones Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

sábado, 18 de diciembre de 2010

He amado la noche

Quién me quita lo bailado


Pido peras al olmo. Las saboreo:
son deliciosas.
He pedido gato por liebre;
me lo han dado.
Me han contado historias libidinosas
a medianoche;
gozaba, con cada palabra,
con cada gesto.
He amado la noche
cuando amanecía,
amé la muerte, y
soñé
con la realidad.

De Solo de contralto, Ed. Galerna, 1998, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

martes, 14 de diciembre de 2010

Agradece la piedad del buitre

EL SACRIFICIO



Cordero degollado,
mirás al cielo sin pedir
clemencia.
El sacrificio se postergó
hasta el mediodía. Eras joven
y debías fornicar, rumiar
la hierba. Tu cabeza, ahora,
yace erguida
como la contradicción.
Tu garganta sangra y es lógico.
Todavía aullás como un lobo
desde esa posición en que te han puesto
para el sacrificio.
Todavía hay violencia y dulzura
en la contorsión de las patas
y en el cuerpo que cuelga
iluso,
pesado.
***
PROMETEO


Por darnos el fuego,
el buitre te mordió los ojos:
lo hizo más como dádiva
que como un daño. Observa, si puedes,
desde la órbita vacía
qué hemos hecho con el fuego de los dioses.
Mira cómo reprodujimos
sutil y misteriosa consistencia,
las formas variables del fuego.
Mira la guerra: sustancias químicas
penetran los trajes de soldados
mercenarios, víctimas apasionadas.
Mira el calor del hogar: pérdida
de gas, llama viva en el momento
más inoportuno. Pareciera
que los hombres ya
no lo precisáramos.
Hemos ardido tanto y
nunca nos bastó
la leña.
Ahora que estás ciego y helado
en la cumbre de la montaña,
castigados y desaparecidos tu
obstinación, tu tributo,
pregúntale al coro
a quién nos toca entregar
la antorcha,
agradece la piedad del buitre, y
cuida tus llagas
amorosamente.


De Solo de contralto (Galerna), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

lunes, 13 de diciembre de 2010

Si la antena de la radio funcionara

EN LA RUTA


Lo único que podría curarme
o que al fin me sacara de este hospicio
es subir a un auto de línea sport
no muy confortable
pero amplio
que lo manejara
un hombre pudiente
potente
y valeroso
o sea temeroso de sí.
Si él aceptara conducir hasta la ruta
(odio el límite de la ciudad,
ese bochorno de la pobreza salpicado por uno que otro
cardo o girasol),
donde comienza la fila larga y azul del lino
o los maizales, amarillos,
si la antena de la radio funcionara
yo podría quitarme este peso de encima
podría mirar las cosas de forma diferente.

Sin que intervenga, sin presión de ningún tipo
este hombre serio o
sonriente
me acariciaría suavemente la nuca
de manera tal
que mi pelo pajizo se convertiría en lacio
mi nudo nervioso pasaría a
relajarse,
y podría mirarlo de frente, sonreírme yo también
o al menos
dibujar un nombre en la ventanilla
sin problema, como si él no existiera.
Entonces yo tomaría el volante
y mientras él descansara
(mirando fijamente la mano contraria)
me pondría a cantar esas canciones de
preguerra que tanto enloquecieron a la generación
anterior.
Sólo así podría dominar mi ira
solamente así.

Cuando el auto se haya alejado bastante
y el calor sólo sea
esa curiosidad
por las mariposas estrellándose
contra el motor,
y el hombre a mi lado no se inmute
ni se inmiscuya
cuando la
alegría
sea lo único que me plazca.

De La calma (Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

viernes, 10 de diciembre de 2010

La pared

XVII

De luto
frente a esa pared:
restos descansan, dice.
De quién, qué resta
hablar a la pared.
Destruir dice;
reparar, acusa el coro,
lo ido o lo deshecho, restos
de quién, qué ashes
citan
de profundis.
Réquiem por esa pared.
No volverán padres ni golondrinas ni el benteveo que percute
divina partitura: haya paz,
descansen, descansen en paz;
la pared se derrumba al ritmo
de un metrónomo: tac tac
negras, bemoles no, tac
¿No lo veis? Cristo yace,
y lo demás, lo que ha partido
a batuta de doble filo: acercaos
a la pared: nada que lamentar, ni
un solo quejido ahora,
chito. Escucha
el murmullo eterno del No;
es más claro que el agua.

*La cita en cursiva pertenece a Marguerite Duras.
De La pared, inédito

miércoles, 8 de diciembre de 2010

ADELANTO

EL ESGUINCE
Irene Gruss

esguince.
(Der. del lat. vulg. exquintiāre, desgarrar).
1. m. Torcedura violenta y dolorosa de una articulación, de carácter menos grave que la luxación.
2. m. Ademán hecho con el cuerpo, hurtándolo y torciéndolo para evitar un golpe o una caída.
3. m. Movimiento del rostro o del cuerpo, o gesto con que se demuestra disgusto o desdén.

La veo venir desde la esquina, tomada del brazo de su hermana. Yo en la puerta fumando para rajar de la familia y a la vez esperar tomando el fresco, angustiarme solita como dios manda, ver de qué lado podrían llegar o aparecerse. La ambulancia las dejó en la esquina de Rawson, a expreso pedido de mi madre, “así caminamos un poco”. “¿Va a poder?”, cuenta después que dijo el camillero. ¡Faltaba más!, le respondió, y ahí se acercan las dos, como quien viene de la plaza. Cerca de la medianoche avanzan, una rengueando y la otra con dos paraguas en una bolsa medio rota. ¿Qué hacés acá?, ¡Viniste!, grita mi madre, y yo la abrazo.
***
Mi madre, sentada en medio del comedor, rodeada de la parentela, pregunta para qué tanto lío con el hielo si estamos en su cumpleaños.
Como la fecha no es la indicada, nadie abre la boca; Juana va y viene con una palangana mientras yo saco cubitos de la heladera y renuevo el agua puteando por lo bajo. Mi tío Pedro lee o hace que lee ensimismado y Clarita dice que se va, que es tarde, no va a molestar a la caída. “¿La caída?, ¡pero qué se cayó ahora!”, mi madre espeta. “Nada, vos callate”; ésta es la voz de mi tía Alicia, la mayor, mientras muerde uno de sus canapés y acota: “Hay que terminarlos; coman, che”.
***
¿A santo de qué la arbitraria comparación de lo del esguince con la caída del Muro de Berlín?, ¿metáfora o alegoría?, ¿diatriba o elegía? Tiempo al tiempo. Nada se mueve ni cae porque sí. Mucho menos si se habla de absolutos mármoles, ladrillos que el Hombre ha construido, en pos de proteger ¿un sueño, una ilusión, el frenesí? La vida es sueño, y las ideas caen solas, no así una madre que dice, acaba de decirme, que el diario no se compra más en esta casa. Bien por ella, pienso, mientras veo La Nación del día de la fecha sobre la mesa. Para qué –agrega–, ¿para hacerme malasangre?; de ninguna manera, yo ya le di al Partido lo que le tenía que dar; ahora que vayan ellas.
¿Ellas?, ¿por qué mi madre dice ellas? “¿De quién hablás?”, pregunto.
—¡De quién va a ser, de ellas, las funcionarias digo! Yo ya fui, hice todo lo que tenía que hacer; ahora que vayan y le protesten a Montoto porque se acabó la fiesta. El oro de Moscú, je. Se lo llevó a la tumba Stalin, dios me libre. Tanto sacrificio… ¿Y ahora? Ahora que se arreglen.
***
Debo dar apenas una aproximación, una mera o mínima idea sobre el modo en que mi madre me ha ido formando. La imagen nunca fue la de dos personas sentadas que charlan normalmente; por el contrario, ella insistía en hacer al mismo tiempo algún trabajo, a fin de demostrar que la quietud no es posible, que el tiempo no se despilfarra. Así me hablaba entonces mientras pegaba tela adhesiva a la manguera para regar el pasto o se subía a la mesa, plumero y trapo en mano, a desempolvar los caireles de la araña. Sus palabras, más que nada, eran axiomas, apotegmas, por demás confusos, quizá para poner a prueba mi capacidad de abstracción desde niña. “Dios no existe; Papá Noel no existe; los Reyes Magos tampoco. Son los padres”; así afirmaba. En consecuencia, fui aprendiendo a formular preguntas como: “Y si son los padres, por qué no me comprás el regalo y listo”; solución de inútil resultado que fui archivando a medida que pretendía ahondar acerca de la existencia. “Tu padre es un hombre frustrado; heredó la mueblería, menos mal, para parar la olla, pero de comerciante no tiene nada”. Esa era otra de sus enunciaciones que solía hacer cada tanto, con un tono piadoso; así como la colosal “Si yo milito es por vos; porque si todos tienen un mundo mejor, vos también lo vas a tener; y si yo no estoy en casa es precisamente para hacer el bien a todos”. Era un razonamiento loable, sobre todo cuando la criatura que lo escucha no sólo no entiende qué concepto será “un mundo mejor”, sino que apenas acepta eso de hacer el bien a todos. Porque, veamos, un médico va, arregla un hueso, hizo el bien y vuelve a su casa lo más pancho; ¿pero cómo se hace un mundo? ¿Qué bien hará mi madre –piensa años más tarde la criatura– cuando ella dice que hoy tiene reunión de célula así que no la hinche? ¿Qué parte del mundo será el Comité Central, del que habla como si se tratara de la cima del Himalaya?
***
El modo de acercamiento y/o contacto que mi madre efectuaba venía casi siempre acompañado de algo que traía en su mano derecha, según mi edad y la ocasión pertinentes. En la etapa escolar, solía aparecerse con una botella de querosén, infalible remedio para erradicar piojos y liendres, lo que podía alternarse con un buen chorro de agua fría en la nuca, a fin de eliminar a un mismo tiempo berrinches o pataletas, considerados, ya en esa época, como simples llamados de atención. Mucho más adelante, el folleto de Evanol, baluarte de una educación sexual precoz pero no menos instructiva, actuaba como catalizador de un diálogo difícil de transcribir. En síntesis, recuerdo cómo apretaba una servilleta cuando me explicaba que tanto la menstruación como el coito eran fruto de la Naturaleza, y que este último sólo podía ser practicado bajo los influjos de un amor seguro, estable, definitivo. Según el discurso de mi madre, dicha seguridad iba a marcar un estado de alerta ante el degenerado que quisiera aprovecharse o, por fin, ante el amor verdadero; “una se da cuenta”, decía, y cerraba el folleto.
El objeto más contundente era el Canto General de don Pablo Neruda, que implicaba buena parte de la tarde de un sábado a la lectura oral de sus poemas, especialmente el inefable “Margarita Naranjo”, que ya copio debajo de estas líneas. Dicha lectura era interrumpida más de una vez por el llanto de mi madre, momento en el que yo aprovechaba, con la excusa de ir a buscar más pañuelos, para pasar por la cocina y morder un pedazo de queso, o más bien me demoraba mirando por la ventana cualquier cosa que estuviese viva:

“MARGARITA NARANJO”


Estoy muerta. Soy de María Elena.
Toda mi vida la viví en la pampa.
Dimos la sangre para la Compañía
norteamericana, mis padres antes, mis hermanos.
Sin que hubiera huelga, sin nada, nos rodearon.
Era de noche, vino todo el Ejército,
iban de casa en casa despertando gente,
llevándola al campo de concentración.
Yo esperaba que nosotros no fuéramos.
Mi marido ha trabajado tanto para la Compañía,
y para el Presidente, fue el más esforzado,
consiguiendo los votos aquí, es tan querido,
nadie tiene nada que decir de él, él lucha
por sus ideales, es puro y honrado
como pocos. Entonces vinieron a nuestra puerta,
mandados por el Coronel Urízar,
y lo sacaron a medio vestir y a empellones
lo tiraron al camión que partió en la noche,
hacia Pisagua, hacia la oscuridad. Entonces
me pareció que no podía respirar más, me parecía
que la tierra faltaba debajo de los pies,
es tanta la traición, tanta la injusticia,
que me subió a la garganta algo como un sollozo
que no me dejó vivir. Me trajeron comida
las compañeras, y les dije: “No comeré hasta que vuelva”.
Al tercer día hablaron al señor Urízar,
que se rió con grandes carcajadas, enviaron
telegramas y telegramas que el tirano en Santiago
no contestó. Me fui durmiendo y muriendo,
sin comer, apreté los dientes para no recibir
ni siquiera la sopa o el agua. No volvió, no volvió,
y poco a poco me quedé muerta, y me enterraron:
aquí, en el cementerio de la oficina salitrera,
había en esa tarde hecho un viento de arena,
lloraban los viejos y las mujeres y cantaban
las canciones que tantas veces canté con ellos.
Si hubiera podido, habría mirado a ver si estaba
Antonio, mi marido, pero no estaba, no estaba,
no lo dejaron venir ni a mi muerte: ahora,
aquí estoy muerta, en el cementerio de la pampa
no hay más que soledad en torno a mí, que ya no existo,
que ya no existiré sin él, nunca más, sin él.
***

Uno de amor

Que te quede de mí
ese ruido de amapolas
endebles y furiosas
besándote,
y guardes la mirada
perdida, detenida
en algún punto fijo, como
si te mirara detenidamente,
perdidamente,
y te toquen la memoria
mis manos
como si te tocara,
y veles
el cuerpo vivo,
increíblemente vivo
que tuve.

De Solo de contralto, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

sábado, 4 de diciembre de 2010

Las veces que tuve, no las que amé

Conté con los dedos de mi mano
las veces que tuve, no las que amé.
Las yemas de los dedos
se quedaron mirándome, las líneas
de la mano rieron (¿amé
lo que tuve? ¿Quise decir
quiero un poco
de esto o de aquello,
gané, perdí semejante
generosidad?).
Ahora que me aferro
a lo que tengo _como a un poco
de nada_,
veo líneas que una burla desecha,
y lenta, tiernamente abro
el puño, dejo caer
la arena, vuelvo a tomarla.


De Solo de contralto (Ed. Galerna, 1998), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

viernes, 3 de diciembre de 2010

¿La verdad?, ¿de qué verdad me hablan?

La mente de águila de un viejo*


I

Mi madre levanta las mortajas de sus muertos, muerde
o chupa, parte
a otra cosa.
¿La verdad?, ¿de qué verdad me hablan?, dice
mientras intenta nadar, atada como está,
hacia una isla. ¡La vida
por la humanidad!, grita espantada, ahora recuerda eso,
ella daba la vida, lo recuerda entre bocado y bocado de un pan
embebido en leche tibia, delirio
en el ocaso y cena.

*Basado en "Un acre de hierba", de W.B. Yeats
***
II

Extiendo la mano no como una mano sino
como si fuera mi pecho.
¿Esto era lo que querías?,
digo y asomo un bocado dulce
entre los dedos.
Mi madre trata de elevarse. Dame, dice,
y atada como está a una silla, estira su mano
hacia mi mano. Es leche, digo,
y endulzo su boca. Es esto.

Inéditos

martes, 30 de noviembre de 2010

Nada la nada la trascendencia lo que queda es la obra

HOJA EN LA TORMENTA
Un relato no necesita heroínas.
Mónica Tracey

No me vengan a hablar de
desolación, una hoja en la tormenta
hoja infante, de quién va
a cubrir a esta hoja –no de papel, no de tinta–
ni hoja pequeñita, desvalida en
la tormenta. Arrecia, arrecia
tempestad, lastima
ya no la raíz, la nervadura,
marca que carga la hoja
como genealogía o simple adorno. No
me vengan a hablar de fortaleza, firme la caída
el vuelo hacia arriba hacia abajo
el concienzudo tocar tierra (ni siquiera
fondo) de la hoja. No me vengan con
el gris dorado verde
de la vida, pavana para una hoja, corcel
que va a salvarla, no me vengan a hablar de
la canción de la intemperie, de que de esto
se trata ni vengan a decir, declinar
en subjuntivo la memoria o la falta,
ni a clamar declamando la hoja se cae por sí sola,
arrecia tempestad, fulmina de una vez
con la luz la electricidad
de un rayo, arde de impaciencia el objeto
aquí tomado, ardería aún más si
algo –un roce– pero no, la hoja
elige no me vengan a hablar
de destino pagar caro el precio la responsabilidad (largo
invento)
la omnipotente la débil como una
hoja en la tormenta ni mencionen al viril
árbol que muere de pie, ella ha visto caer
árboles hojas sostenerse de la nada desprenderse
ahora sí de la raíz de la razón del sexo
tiemblen ciudadanos, nunca de la historia
el mundo alrededor y ella no en el centro,
quizás en el borde, andar doble filo doble juego
de la hoja
haciendo –mal gerundio– mal y bien
cortó el pan y la carne no me vengan a
hablar de
inocencia, más quisiera la infanta
ni vengan a decir
la perdida o
la que perdió ni
se sufre se sufre demasiado
no vengan a bailarle encima ni a
quitarle el baile, bamboleo embriagador,
faltaba el amor, no me vengan
con el cuento hoja en la
tormenta, arrecia la furia
la iniquidad el asombro no vengan con
que de esto no se habla con que de esto
ni hablar no me vengan con el sol
otra vez y aquí no ha pasado
nada la nada la trascendencia lo que queda es la obra,
el devenir circunstancia causa-efecto ensayo-error
de la hoja
qué le pasa qué pretende
por qué no lo consigue no me vengan
a hablar no me vengan a hablar
la hoja es
una hoja, suave
objeto, tema
con tormenta.


De Solo de contralto (Ed. Galerna), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Levanten las reposeras, los detalles

EL RITO



Levanten sus cosas,
sus muslos firmes, el canasto cargado
hasta el tope, todo para mantener
el agua fresca y caliente la leche,
todo guardado fuera de lugar ya;
cubran a sus niños del frío
y del ocaso,
levanten las reposeras, los detalles,
y dejen hablar al mar conmigo.
Las várices de las viejas
sufrientes o luchadoras o satisfechas
por lo que han hecho al cabo con sus vidas,
recójanlas
así como los hombres recogen menudencias
de su mediomundo,
esos que pescan con red,
y los bravíos que llevan el sedal lejos, lejos;
levanten,
hombres morenos de vellos tan rubios, las carpas,
aten las sogas con un lamento parecido a
hoy no me he hecho a la mar, tampoco hoy, y dejen hablar
al mar conmigo.
Chicos aturdidos por su rutina sonora,
levanten sus juegos, miren una vez más hacia la playa,
vuelvan,
vuelvan al hogar,
a la monotonía, a los detalles.
Parejas silenciosas, levántense a caminar,
a que la luna corrompa
la boca de cada cual, el pecho de cada uno,
hagan que las aguas por fin se abran,
como si nada,
levanten y huyan
amable, cuidadosamente
del ocaso,
de la espuma estéril que queda en la orilla,
y dejen conversar al mar conmigo.


De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

viernes, 26 de noviembre de 2010

La mañana era siempre igual

ERA


Yo era la que dormía
y despertaba
con un hombre no a mi lado
sino en mi cabeza.
Ellos levantaban la persiana y me
hacían renegar por los rayos
del sol, cuando era de día, o
por lo tarde de la hora,
cuando las hojas del tilo rechinan
y agrietan entonces el aire.
Yo me dormía pensando en
la cara y el gesto
del próximo hombre, y éste
no llegaba nunca ni se atrevía
a golpearme la puerta.
La mañana era siempre igual:
desinfectaba los delirios nocturnos
suavemente, y amontonaba
ecos, almohadones desamparados.
***
***
CARNE PARA LOS LOBOS, SÍ

Mujer indómita
da de comer al mito
pero no al mutón
Tira
tu carne al río
pero no dejes
seña, a lo sumo
un redondel morado
en su nuca.
Y hazlo tranquilamente,
arde húmeda, bruja
imperfecta
Y cuida que no te usen
ni ángel ni endemoniado
(ah gozosa, pacífica)
como carne de cañón.
***
MUJER IRRESUELTA


Yo quisiera, como Gauguin, largar
todo e irme,
dejar mi familia, la no tan sólida
posición
e irme a escribir a alguna isla
más solidaria.
Esa tranquilidad de Gauguin,
permanecer en una isla
tan calurosa, donde las mujeres
escupen resignadas
carozos de fruta silvestre.
**
De El mundo incompleto (Ed. Libros de Tierra Firme, 1987), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

martes, 23 de noviembre de 2010

POEMAS EN CASA

POEMA

El sol cosquillea en mi nuca.
Estoy lavando de espaldas
al sol
y de repente
sonrío
porque el sol cosquillea en mi nuca.
***
PALOMA GRIS

Una paloma gris acaba de mojar su cabeza
en el charco de agua.
En el charco se ven las hojas
de un árbol, que titilan,
pero no el temblor
ni las plumas empapadas
de la cabeza de la paloma.
**
De La luz en la ventana, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

domingo, 21 de noviembre de 2010

Se ha inmiscuido un ente otro

Hari


Aquí, Tierra, desde la nave,
algo extraño sucede
aquí Solaris, sí,
se ha inmiscuido un ente otro,
llamémosla así. No hay manera, no, se lo ha intentado todo
pero vuelve. Así es, de la nada
insiste en preguntar ¿qué tengo,
Kris?, ¿no estoy,
no soy? Eso pregunta, aquí, cambio,
mil veces arrojada al magma
y su chal sigue ahí, sobre una silla. ¿Ella?, también lo ha intentado
todo pero ¿por qué juzgáis
lo que soy?, eso dice, aquí Solaris, te amo,
Kris, sí, desde la nave,
Kris.

*Hari: personaje de Solaris, de Stanislav Lem y del film homónimo de Tarkovski.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Y él rió

La esclava del amor


¿Sabéis lo que sois? Unas bestias,
desde aquí os veo. ¿Adónde llevan estos rieles,
qué he hecho yo sino aburrirme, decir mi parte
en esa tonta película? Al llegar a Moscú
cargaba miles de flores en mis brazos.
¿Sabe lo que es usted?,
dije aquel día en que lo balearon, ah, su rubio mechón al viento,
¡un bolchevique!
Y él rió, y lo amé.

Basado en La esclava del amor (1976), de Nikita Mijalkov

jueves, 18 de noviembre de 2010

Hay para comer

La hormiga



Venía invierno,
y me propuse cargar
la hoja brillante o seca
para guardar haber; era esbelta,
sostuve la hebra
o el bulto incomprensible de llevar,
tenía el para qué, tracé
caminos para ir y
volver, e ir de vuelta,
verdes brillantes,
hojarasca, todo para qué,
invierno venía.
Ahora estoy aquí, guardada,
aterida, recuerdo la luz,
la carga, la alegría de llevar y
traer,
y el agobio (por qué habría de extender
sus alas la mariposa de un día –dijo en voz alta
la hormiga).
Invierno vino.
He traído hasta aquí hojas,
hay para comer,
la tierra está fría y húmeda,
puedo tocarla,
estirarme en el alivio
o tiritar.

De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial), 2008

sábado, 13 de noviembre de 2010

Ahora dice que ve

i

Caminaba siempre de su mano.
Lo abandoné.
El lazarillo tenía –siempre–
otro punto de vista.
**
ii

La calma en un ojo,
la ira en el otro ojo. Extraña
observación
de un hecho.
**
iii

Ama la nitidez
con que ve texturas.
La contradicción es seria:
¿por qué no toca?
**
iiii

Edipo hundió los ojos
de su madre. Desde ese día
los dos caminan por el mundo
abandonados.
**
iiiii

El contraste: la pasión
de Heráclito.
**
iiiiii

Absoluto: una mirada
incompleta.
**
iiiiiii

Nauseabundo el mirar
sólo carroña.
**
iiiiiiii

Quién dijo que la ceguera
aquieta. Que ver las cosas
calma.
**
iiiiiiiii

El dolor ve.
La alegría ve.
Ninguno
oculta.
**

El ciego descubre
que le han mentido. La luz
no estaba aquí,
el color no era éste.
Lo supo por desilusión
y olfato. Ahora
dice que ve. Y tampoco es cierto.
*
De En el brillo de uno en el vidrio de uno (Ed. La Bohemia), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Tampoco eso

Qué daría por que me tomes de la mano


¿Cuando me vi los ojos por primera vez sin brillo,
apenada porque era un fin,
como un ramalazo en el aire, un aire, el verano? No, no eso.
¿El día del claro en el bosque, la premonición, ese no ir a un bosque?
Tampoco, no.
¿El cuello de mi vagina como un puente, cuando sale, expulsa de amor
el hijo que grita, y llora, respira?
La vez que me perdí en un orgasmo estrepitoso, hacia la nada,
por fin esa nada.
Cuando llevé las cenizas aún tibias
y abrí la cajita, dejé que flotaran sobre un río sucio una mañana sucia,
ni siquiera hubo un viento que las acariciara así volando cayendo sobre el agua, eso que amaba.
Tampoco, no podría.
¿El mediodía en que dormí sobre la duna?
Tampoco eso.
**
Inédito

lunes, 8 de noviembre de 2010

Por favor no sufran más

MUTATIS MUTANDIS

Por favor no sufran más
me cansa,
dejen de respirar así,
como si no hubiera aire
dejen el lodo, el impermeable,
y el vocabulario,
me cansa,
la mujer
deje de tener pérdida     ese chorro sufriente,
los padres dejen el oficio de morir,
el daiquiri o el arpón
en el anca, y aquel perfume matinal,
la Malasia,
y el Cristo
solo como un perro,
y al amor como
un fuego fatuo, y a la muerte,
déjenla en paz,
me cansa,
(¿algo ha muerto en mí?:
tanto mejor).
Así que,
valerosos,
amantes,
antiguos,
huérfanos maternales que acurrucaron
al mundo
después
de la guerra,
dejen el rictus,
oigan
y despídanse,
por una vez
sin grandeza.
De El mundo incompleto (Libros de Tierra Firme, 1987), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Dicha mía, ríete

Atrévete a reír
dicha mía, ahora que la ironía
canta otra vez: nunca es
mañana digo basta; hoy es
este repetir el son,
el tin de la campana:
he cometido un grave error
(dicha mía, ríete): he amado
sin dejar al otro decir
algo sensato,
he amado sin el otro, sin
permiso, por favor, aquí todos
se mueren de amor,
ríete dicha mía. Has cantado
cuando el cisne hundía su cabeza
en el lago y volvía a levantarla,
soberbia, empapada de un agua que no es
más que efímero espejo;
déjala correr así tu vida sigue,
déjate reír así,
olvida el ruido del agua.

Para Eduardo Mileo
**
De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

sábado, 30 de octubre de 2010

Filosofía sin luz, sin viento

Mi bien, ahora distiéndete y recibe
el olor y el sabor de la comida
que te preparan. Cálido humo
a consumirse, como todo, filosofía
sin luz, sin viento: hay prosperidad
en lo que se cocina a tu nombre
y es sólo un poco,
y es nada menos:
alguien te da
de comer. Bebe su cáliz
porque él se sacrifica: cobarde teme
que lo hecho no te plazca o
iluso, que el humo no dure,
sin embargo cocina
con meticulosidad lo que al fin
place y se acaba,
sin que él se dé cuenta, porque
la única que cuenta, como números,
eres tú: mezquina que recibes
la cena y el cáliz aquel, un vino
generoso.
***
SIN FE


Esta es una confesión muy personal:
He perdido casi absolutamente
la curiosidad por el mundo.
Si no escribo
la primera frase, la segunda
se pudre por exceso
de efecto.
Sé cómo el mundo se va moviendo,
los brazos de las personas
al costado del cuerpo, impotentes, impacientes,
desesperados, laxos, levantados, sabios,
ignorantes como yo.
Según se hagan las cosas, se sabe
más o menos
cómo quedará terminado;
o no: la incertidumbre
es natural, cosa sabida.
Los chicos sorprenden;
conmueve, pero
es terrible: no es ninguna novedad
en este mundo.
Las cosas, los hechos
son –qué importa que ese árbol sea un gomero o
una encina–, y aun así casi todo remite
a la memoria personal: si es un gomero,
recuerdo el jardín; si una encina,
aquella canción; si un árbol desconocido,
hoy inauguro la memoria, el mito, o
lo descarto.
Algo aparentemente curioso: un corrector de estilo
afirma que la palabra implementar no existe.
Significa instrumentar, poner en práctica,
pero en sí esa palabra no existe.
¿Elegí quedarme con el nombre
y no con la cosa?
Quién, por miserable cultura e historia,
estará pensando que en este momento
la ropa revolotea desde ayer
en la terraza, enredada
sobre sí misma, debería sacarla... Terrible,
salvar la ropa del viento
que bate en la terraza, aquí mismo, la borrasca
en el nombre, la rosa (si digo la ropa
es fácil, un recurso que podría
seducir y no me conmueve
en absoluto).
He perdido la curiosidad:
ha nacido un hijo deseado
(tiene nombre antes de nacer)
por obra de amor: conozco
la alegría, conozco la ansiedad
satisfecha,
escribo que el mundo
es incompleto, que no basta,
aunque aquí
esté todo lo que hay,
el contraste en la luz,
lo concreto, lo relativo y lo absurdo,
lo nuevo, lo acabado,
y lo cubierto,
la curiosidad.
Algo debió pasarme
para que la haya perdido de esta forma.
No es suficiente una enumeración sostenida.
Crear no basta
–qué importa si se trata de un gomero
o de una araucaria, ropa en el viento, presiones
o alivios del cuerpo–. La Historia,
la intimidad, la implementación...
Es demasiado.

De Solo de contralto (Ed. Galerna), recopilados en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

martes, 26 de octubre de 2010

Tiniebla y luz

Miopía



No ve
lo pequeñas que son las cosas.
Delirio de grandeza
en la mirada.
***
Astigmatismo


Fuera de foco.
No es neblina.
Tiniebla no es.
Arbol superpuesto al bosque,
memoria borroneada, superpuesta
sobre sí misma.
Espejismo: lo que se ve
es ambiguo, tiniebla y
luz: pareciera que
Dios no ha separado nada.

El último verso es cita de otro perteneciente
a Jorge Aulicino.
***
Resplandor

Un punto blanco de luz
baja intermitente
a un costado del ojo, y desaparece.
Candileja que asombra y
no consuela.
***
Presión ocular

¿Qué pide el ojo?
Muestra de qué,
el estallido.

Si el músculo duerme, la ambición
descansa, ¿calmará la noche
la ira,
el síntoma?
***
Glaucoma

Hay algo que no deja ver
lo que quiso verse
y lo que no se quiso.
Cierta cobardía hay
en ese progresivo
dejar de ver,
o cierto cansancio
de la vista.

**
De En el brillo de uno en el vidrio de uno (Ed. La Bohemia, 2000), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

domingo, 24 de octubre de 2010

“Guarda con la nena, gilún”

Una letra familiar
(Fragmento)

7

Fue la vez que lo vi en calzoncillos. La impresión que me dio verlo así y llorando con una congoja, todo, la primera vez que lo vi así.
–Cerrá la puerta, cerrala, por favor –le dijo a mi madre y corrió a sentarse en la cama de espaldas haciendo como que miraba la ventana. Y mi madre me miró entonces con una cara medio de perro y cerró con llave.
Pero seguía llorando tan fuerte. Antes de que mi madre cerrara la puerta lo vi agachado agarrándose la pelada, y aplaudía y lloraba. Eso es la desazón, digo ahora. Después me contaron que fue cuando se murió la abuela Sara, y yo era chica, no sabía.
Mi padre era feo en calzoncillos. Me di media vuelta y me fui al jardín. Eran como las ocho, casi de noche, pero me fui igual, así los mosquitos me comieran cruda, no pensaba entrar a la casa hasta que no oyera que dejó de llorar. Blanca era la camiseta y el calzoncillo a rayitas grises, feísimo y largo, no era como su traje de baño azul, era otra cosa.
***
15

Mi tío Mario me llevó ayer a la cancha, a la popu, como él dice. Había que subir por unas gradas altísimas y cuando llegamos casi arriba de todo, él me dijo sentate y había que sentarse ahí, en esa especie de tablones de cemento. “Esto es Boca, mirá bien, mirá todo.” Se saludaba con medio mundo y se reía con una alegría que no le vi nunca. Yo estaba como atontada por el barullo tremendo que hacía la gente pero más que nada estaba esperando al panchero porque Mario me había prometido pancho y Bidú. “Una fiesta nos vamos a dar, vas a ver.” Y el hombre vino y todo, y mi tío me compró pero recién en el entretiempo. Así que el primer tiempo lo vi más o menos esperando. Cuando entraron los de Boca a la cancha se paró el mundo entero y yo creí que me caía porque parecía que el piso temblaba a lo bestia, y los de arriba se agarraban de los que estábamos más abajo. “Guarda con la nena, gilún”, gritó Mario a no sé quién y me sostenía muerto de risa. Yo me senté pero él se quedó parado todo el tiempo y saltaba. Para olvidarme del miedo levanté la cabeza y ahí vi la cancha por primera vez. Enorme, con los jugadores como mosquitos ahí abajo, corrían y se caían y seguían jugando como si los golpes que se daban no les hicieran un pito. Ni un gol en el primer tiempo. Mario se tomó una cerveza entera y estaba con bronca. Hablaba con todos y se ve que era amigo del panchero porque no le cobró nada; cuando me dio la Bidú me acarició la cabeza y Mario sacó del bolsillo de la campera un Nuestra Palabra* dobladito en cuatro, le levantó la gorra y se lo puso ahí; el panchero se acomodó la gorra de vuelta y me guiñó un ojo: “Boca está que pela; gracias, cumpa”, le dijo y subió hasta arriba de todo.
Uno que se agarraba de los hombros de Mario gritó de golpe: “Golazo, viva Perón, carajo”. Yo me di vuelta y vi justo la cerveza que le escupió Mario empapándole la camisa y la cara. “Rajá, gorila, comunista de mierda”, le dijo el tipo sacudiéndose la camisa.
“Quedate tranquilo que cuando venga la revolución todos vamo’ a ser bosteros; ¡andá a que te la lave Evita!” –le gritó Mario y me agarró de la mano y bajamos como cuatro escalones–. Viste qué fiesta, Boca campeón, Booo, gritaba. Me dio risa y después no me costó nada llegar hasta abajo.
A la salida cantamos juntos “Merceditas” como 10 cuadras seguidas sin parar, chochos porque Boca ganó. Cuando cantamos juntos es lo mejor de todo.

*Periódico del Partido Comunista argentino.
**
De Una letra familiar, bajo la luna editorial.

viernes, 22 de octubre de 2010

Como una espada sola

"MÁQUINA DE FARO"
Jorge Aulicino

Echa luz, máquina de faro, así te veo,
ojos y mente irritados, aturdidos,
puestos sólo en el círculo que gira,
no se apaga, gira.
Echa luz, que no sea euforia el viaje
sino entusiasmo, es decir gracia de dios.
Aquí las mordeduras de lo que ayer fue pez,
y la barcaza que va ¿a tierra, a cielo,
a mar abierto va?
La nave es un desastre y tengo sed, y un mascarón también mordido
ridículamente en el costado,
esto es arrogancia del que no sabe o no pudo llegar
¿adónde?, ¿hasta aquí llegamos?

Como una espada sola, atenta y oxidada ruge el faro:
¿No había dios en él, no había mapa? Mírate en su obra,
ruge, y me encandila, hasta estrellarnos, hasta estrellarnos.

**
Lo resaltado en cursiva pertenece y parafrasea uno de los poemas de Máquina de faro.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Creía que hablaba para sus papeles

“ERA LO QUE DIANA MAS TEMIA: QUE LA

REALIDAD IRRUMPIERA”
Liliana Heker

Consecuente, ella empezó a lavar su ropa.
Puso agua en un balde
y agitó el jabón, con un sentimiento ambiguo:
era un olor nuevo y una nueva certeza
para contar al mundo.
“Mirar cómo se rompen las burbujas, dijo,
no es más extraño que mirarse a un espejo.”
Creía que hablaba para sus papeles
y se rió, mientras tocaba el agua.
La ropa se sumergía despacio, y
la frotaba despacio, a medida que
iba conociendo el juego.
Decidida,
tomó cada burbuja de jabón
y le puso un nombre; era
lo mejor que sabía hacer hasta ahora,
nombrar, y que las cosas
le estallaran en la mano.
**
De La luz en la ventana (Ed. El Escarabajo de Oro, 1982), recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial, 2008).

domingo, 17 de octubre de 2010

Dame en la boca, madre

Dame de ese cántaro, madre,
que llueven gotas de leche,
caen en mi boca
desde tu cántaro de dos picos.
Dame en la boca, madre, que
de tu leche llueven gotas, sombrías
como cántaro cascado.


De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

jueves, 14 de octubre de 2010

Huérfana como el ocaso puro

INTERROGANTE PURO

I


Como una luz huérfana de fuente,
sin sol
ni luna guiada,
puro fulgor de ocaso,
interrogante puro: ¿es ahora la alegría?, ¿es ahora?,
o es la otra,
la que cambia la piel, la que no piensa.

O es la otra, la que devuelve,
la que separa ramas en el fuego.
O es la otra, la que se rompe,
concienzudamente,
y arrebata un fulgor.

O es el simple fulgor de una luz,
que no sabe ni dice, y anuncia.
**
II

O es el fulgor
blanco
o quieto,
el sin fuente, el destello de una luz
huérfana como el ocaso puro.
**
III

O es la otra,
la que vio el fulgor
e interroga sin fuente
**
IV

O es el corazón de la huérfana,
late como luz,
fulgura y es un interrogante puro,
como quien cambia de piel en pleno ocaso,
y fulgura, late


De Poemas irresueltos, inédito

martes, 12 de octubre de 2010

A veces el pavor no trae nada

PAVESIANA



Estoy desnuda.
Quieta y desnuda.
No soy un pájaro sino
este cuerpo.
A veces la desnudez trae el pavor.
A veces el pavor no trae nada.
Yo quisiera poder caminar desnuda
y disolverme.
**
De La luz en la ventana (Ed. El escarabajo de oro, 1982), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna, 2008

domingo, 10 de octubre de 2010

¡He aquí!

CADA UNO…


Cada uno es rojo a su manera,
como esas palmeras del Edén
tan verdes, tan rojas fueron.
Yo estuve allí, pasé vociferando
¡he aquí!, la luz del mediodía.
Estuve allí, allí pasé la noche,
ese rojo evaporándose, desvaneciéndose,
de tan intenso fue, tan intenso tuve.
¡He aquí! El pájaro se asombra
de que lo miremos picotear asombrados;
todavía es un pájaro rojo.

(De La dicha, bajo la luna editorial, 2004)

martes, 5 de octubre de 2010

Uno debe callar hondadamente

DE QUÉ HABLO


Frente al mar hondo
uno debe callar hondadamente.
Uno no debe caer y
emitir por esa caída el más íntimo
sonido.
Sólo se puede hablar frente al mar hondo
cuando la luz es tan alta que
se inquieta, cuando
nuestro movimiento es suave,
casi resignado.
Uno no puede hablar
tan fácilmente, porque hablar
así sería
inoportuno,
ingrato.
Frente al mar hondo
uno debe callar,
enaltecerse o retirar
suavemente, sin furia, los pies.
El ruido del mar es demasiado fuerte para
uno,
para todos
a la vez.
*
para Enrique Blanco
*
De El mundo incompleto (Libros de Tierra Firme), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

domingo, 3 de octubre de 2010

Frío es el rocío

Esto es lo que cae: agua helada
en las manos; lo que das lo recibo
con un espasmo.
Fría, más que helada,
es el agua. Cae de a poco.
Esto es lo que doy:
mi necesidad arde
como una rosa en sereno.
Frío es el rocío
y el espasmo del tallo.
Hoy será más leve la caída
de esa gota, mas no
su gravedad, hasta que el sol
levante. Esto es lo que das: ansia
de arder, el agua helada.
**
De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Así no se puede morir una

Una letra familiar

(fragmentos)
**
A la par de su padre como una sombra
y de su madre como la otra
no nombrada. Encrucijada y todas las versiones
de una misma, que no puede partir
la diferencia.
Lelé Santilli

¿Por qué estaba el tiempo eternamente inmóvil en un lugar y se disipaba y precipitaba en otro?”
W.G. SEBALD
**
6

La arena es más pesada aquí que en la playa. Pero subir los médanos hasta esta loma me gusta. Ahí viene el verde, ahí se va, empieza la loma.
Me siento en la arena y me acuesto, así miro el cielo y todo desde arriba, hasta la zorra ahí abajo que carga vaya a saber qué porque está siempre vacía y la vía es corta y toda oxidada, no llega ni al fondo de ese pozo grande de arena; los primos y mis hermanos venimos corriendo y unos nos metemos ahí adentro, y los que se quedan abajo la empujan, y los que estamos arriba nos morimos de risa. Allá lejos está el faro gordo que avisa a los barcos. Arranco las uñas de gato y les saco el jugo; después me limpio con la arena porque es más pegajoso que mi abuela. ¿Para qué vas sola al médano? –me preguntó mi madre ayer y anteayer también–. ¿Por qué no te quedás con Selva, que es más grande? Y yo me vengo aunque me canse las piernas y me lastime con los yuyos. Apurada y sola, y no tengo miedo ni frío.
Selva me enseñó el otro día una oración que dice “El viento ulula”. Me la pasé diciéndomela porque es linda y es la verdad: el viento ulula y aquí arriba hasta la arena ulula. A mi madre le da miedo por el frío porque justo subo cuando va a bajarse el sol. Yo estoy alta y lo miro bajar tan despacio... Ahí empieza a ponerse todo blanco, hasta el pasto del mismo color; el aire tiene un color rarísimo después de lo dorado que se pone antes de que el sol se muera, cuando no aparece más. Vengo a la loma de arriba y digo “El viento ulula” sin que nadie me hinche. Yo me quedo quieta, casi ni respiro hasta que lo tapa un médano.
***
12

Veo la lluvia. Desde esta ventanita, la mejor de toda la casa, apenas veo entero el mandarinero y el costado de los lirios. Acá vengo a estar triste. No como la dentadura postiza de mi padre. La pone en una taza en la mesita de luz y se duerme la siesta. Cuando yo me muera no quiero ser como esa taza ni la dentadura puesta ahí. Estar triste es distinto porque es algo hermoso, no feo como eso. Él cuando duerme a veces sonríe pero a veces no, porque está con esa cara sin la dentadura. Se queda con el diario abierto entre las manos y a veces se le cae al piso; eso a mí y a mi hermano nos da risa. “Miralo, miralo ahora”, me dice mi hermano, y ahí tenemos que salir corriendo porque se puede despertar y ahí mi madre nos mata.
Veo la taza y no me da ganas de mirarlo. Entonces me vengo acá, a la pieza de cachivaches del fondo. Hay de todo aquí adentro pero no me interesa nada. Me doy vuelta y escucho mejor la lluvia. Hago como la del libro que mi madre nos leyó el otro día, Alicia en el país de las maravillas. Esa Alicia es más triste que yo. Se mete por todos lados, no sé de qué maravillas hablan, pero para mí que lo hace de seria que está. Y todavía no entendí bien qué le pasa, por qué es así de sola en su jardín y en su pieza. Huérfana debe ser, seguro, me debo haber perdido la parte que lo explican. Casi al final me aburrí del libro y me fui a otro lado. Hacía demasiadas cosas, iba a demasiados lados para mí. El libro del pájaro azul es más lindo. Y con ese nombre... Alicia parece una chica rica, con esos vestidos tan lindos de los dibujos.
Está parando y las gotitas chorrean de las mandarinas como si las hubieran pintado encima y la pintura les chorreara. Yo no vengo a pensar. Para pensar está el paraíso con el jazmín del país alrededor. Estar triste es otra cosa. Ni canto ni nada. Miro el pasto y lo hago de blanco y negro. Como una película terrible. Cuando yo me muera quiero que todo sea en blanco y negro. Así no se puede morir una, tiene que ser una tristeza perfecta.
***
17

La flor del cardo tiene el color más hermoso. Es tan hermosa como el girasol. Pienso en lo que le debe haber costado crecer en la arena y encima con ese tallo feo llegar a dar esa flor preciosa. Cuando sea escritora voy a contar esto.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Algo, algo acontecerá

DE HECHO, ESPERAN ENORMES CAMBIOS EN EL ÚLTIMO MINUTO

Grace Paley

Siempre veían a sus pares
en el cine, en una plaza.
Corrían y se angustiaban por cualquier cosa,
si algo iba bien o algo iba mal,
se retorcían y se angustiaban igual.
El sufrimiento pasaba de largo a medida
que los días también pasaban, y la alegría
era ese momento
cuando escuchaban, sin querer, a algún chico
que cantaba sin saber lo que cantaba.
Ah, ahí se largaban a reír, tentadas,
contoneando el cuerpo.
Creían otra vez en la vida como
si antes ésta hubiera sido una fea película, vieja,
en blanco y negro.
Tarde,
solían estirar la nuca hacia atrás, para
ver las estrellas
y la noche, que era azul. Soñaban
antes de dormirse, y cuando se dormían,
algunas soñaban y otras no.
Hoy en día arreglan sus casas, caminan
y caminan por la ciudad,
y después del trabajo vuelven
(el teléfono en su lugar, la desazón, la blusa donde estaba),
crispadas, solas, cansadas.
Cuando se enamoran tienen un temor súbito
que les hace preguntarse hasta cuándo durará
este día dorado,
y cuando pasa el temor
o el amor, no dejan de dar cuenta
que la vida siempre fue,
debería ser en colores,
como cuando estiran la cabeza hacia atrás
y se asombran mirando el cielo.
Entonces, ya en la cama, se ponen a canturrear
tamborileando: algo, algo acontecerá.

De Solo de contralto, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

martes, 21 de septiembre de 2010

Es té tibio sobre la mesa

EL TÉ


Está sentada frente a mí
y hace ruidos con la taza, la golpea sin querer.
Está loca pero la que desea
matarla soy yo.
Si le comento cualquier asunto, ella pregunta
con tono de loca más que dubitativa: ¿ah, sí?
Ahora está
diciéndome que hay vidrios rotos
en su barriga, la cortan, duele.
Miro la taza que golpeaba, intacta,
y el té que viene hacia mí, de a poco,
rogando algo que no entiendo. El líquido
toma una forma que me asusta, y al mismo tiempo
sé que lo que pide
es piedad, ayuda; es té tibio
sobre la mesa y
es mi hermana.
*
De Solo de contralto (Ed. Galerna), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Dejaste las valijas y te asomaste a ver el sol

EL JARDÍN


¿Estás cansada del viaje, Diana?
¿Dejaste las valijas y te asomaste a ver el sol
en tu jardín?, ¿fuiste allí
rápidamente, pausadamente?
¿Echaste una ojeada a las plantas
o mirás cada una, sabiéndola,
descubriéndola, cuidás
tu jardín, hablás, cantás con
la regadera en la mano?
¿Estás cansada de vuelta del viaje,
Diana? ¿Estás contenta?
¿Alguien te acarició, jugó otra vez
con tu melena de fénix,
te besó los párpados
como quien desea tocar
una mirada así de azul, de gris
según el tiempo? ¿Fuiste feliz,
Diana? ¿Intenso y duro, el viaje?
¿Acomodaste la cabeza en el asiento del avión?,
¿descansaste?
¿Estás repleta de memoria, de sentidos
por el viaje, Diana?
¿Comerías conmigo para contarme?
¿Pasaste hambre en la estadía,
Diana, pasaste hambre?
¿Te embriagaste? ¿En algún momento
llegaste a marearte por el viaje?
¿En algún momento, sentiste
esa nada en la boca
del estómago, ahí donde dicen que
está el alma? ¿Llenaste
con qué esa nada, con la gente,
con las cosas, tuviste
necesidad? ¿Observaste
la vida tranquila? ¿Así, como te veo
ahora, calma
y sabihonda? ¿Conociste
la muerte en el viaje,
Diana? ¿Te asustó, la asustaste?
¿Trajiste fotos, postales,
documentos?, ¿abrazaste a
muchos, te abrazaron?
¿Gozaste, tradujiste el amor
loca de deseo? ¿Hablaste demasiado, callaste
demasiado? ¿Por qué
estás diciéndome
que escribir es lo único
que tenemos? ¿Estás
cansada, es por eso, porque
estás cansada del viaje? ¿Querés
dormir, recostarte en un hombro,
querés reír, llorar un
poco? ¿Acaso el viaje mismo
no te consuela,
Diana? ¿No es como el tacto
de otra mano, no lo es, verdad?
¿Comerías conmigo para
contarme?
¿Ya floreció la rosa
en tu jardín? ¿Es tan bella?
¿Los pétalos reventaron
plenos de vida, la vida es
púrpura después de un viaje,
Diana,
es así?
**
De Solo de contralto, Ed. Galerna, 1998, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

jueves, 16 de septiembre de 2010

You know, you know

PELÍCULA


Campos donde el pasto
o el trigo se mueven
al mismo tiempo que la música
el mismo sonido –grabado fielmente– del
viento que los mueve, yo querría
ver y oír el mundo así,
es de noche, ha empezado a llover –posiblemente en mitad
de la película–, todavía sigue cayendo una llovizna
insulsa, la gente se mueve por la peatonal,
al mismo ritmo
decirme: "Por suerte y otra vez, el cine
no me ha decepcionado,
¡ese actor, esa actriz! Valió la pena".
***
SOBRE UN RETRATO DE M.R.

TOMADO POR VALENTINA REBASA

De tanto traducir, se la ve elegante
sentada en la punta de la silla,
el túnel carpiano hundido
de sus muñecas apenas sostiene un libro: I am
all right, atenta
la mirada.
Tiene un gesto que es el reír
de lado cuando dice You know, you know,
y para no mostrar la torcedura del yo
tuerce su boca, y a escuchar
se inclina.

martes, 14 de septiembre de 2010

Entonces me cubrí los pechos

ENCUENTRO IMAGINARIO CON ALBERTO MUÑOZ


I

Estoy pasando el mejor momento de mi vida,
dijo, y miré su cuerpo alto
como un contrabajo. ¿De veras?, pregunté
a los ojos suyos como cuerdas, me quiere
engatusar, me dije, a mí, con esos ojos.

Sentado estaba frente a mí en un silloncito de pana verde,
lustrosa, ajada no,
rodeado de marfiles y de bustos
de Perón, de Beethoven
y el de Wagner también.
Ahora va a contar el número, la cifra, su teorema
de hematomas. Y así fue:
1) Hay caballos; 2) Hay camiones; 3) Mi tío
tocaba la trompeta.
Es música de cámara –rugió el contrabajo–,
¡y en off, pura poesía de Aretino, como lo escuchás!
Pornográfica, en efecto –dijo.
Entonces me cubrí los pechos: primero, el más caído;
y después el otro. Siempre que nos vemos es así.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Oh pedazo de mí, oh mitad apartada de mí

Y si no es una piedra preciosa

sino simple arenilla
guardada a un costado
del tintero. Y si no es arenilla
ni zafiro eso que sale de mí, con pinzas,
como quien quita una piedra, airecito,
puro airecito guardado
para no respirar,
sangre y arena
en mi centro exacto,
late, molesta,
astilla de qué,
más tangible que lo que no se olvida
o se tiene.
Y si es dicha lo que he guardado,
el aire que no pudo salir
duele
en el sitio
del esternón, si es dicha pura
encerrada
oh pedazo de mí, oh mitad apartada de mí,
si es eso lo que se quita, por fin
para que ría,
qué alivio tendrá la dicha afuera,
qué fácil oler los tilos,
descostillarse, dejar
secar la tinta.
**
Lo citado en cursiva pertenece a Chico Buarque de Holanda.
De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Elige el mar, no el barco

SIRENA



Ahora que todavía puedes, canta
tu delirio;
después, sirena encantada por marinos
atados a un poste,
después, sirena de voz dulce y
corazón tenebroso, incapaz
de sostener
no la nota sino la cordura
–elige el mar, no el barco–, después, elegir será
más tarde que inútil: tu canto, sirena,
te desviará a ti misma,
te perderás ahí en cubierta,
en la orilla o allá, en tu casa.
Aprovecha la garganta, ahora
que no tienes pies
en la tierra, marea y
ensordece el oído del humano
hasta que se canse,
hasta que te canses, y el
estruendo
sea como el de un barco que encalla
en el ojo de la tormenta, no en el sonido
cabal de la tormenta. O canta
esa suave y triste canción
que te sabes
de memoria, hasta que el agua misma
se confunda,
o aquella que habla de
cosas alegres,
cosas que duran, cosas
reales, imaginarias, y
tu voz suene tan real o imaginaria
que consterne. Hazlo ahora, sirena,
ahora que la prudencia,
como la noche, llama a víspera,
ahora que la luna, cantante muda,
no te ve ni te altera,
ahora, canta,
sin añorar la muerte y la vida.
**
De Solo de contralto (Edit. Galerna, 1997), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

martes, 7 de septiembre de 2010

Agua que creías era cristalina

Óptica I
No creer en lo visto
Niní Bernardello


Dios mío que no existes, he creído
tanto en lo que he visto,
maravilla o
miseria,
he creído, de veras he creído
demasiado y
he visto demasiado y aún
no vi.
***
Óptica II

Creer para ver, dijo el ciego
mientras imaginaba
la forma de
una catedral. Para ello
dibujó la Pequeña Fuga
con un punzón,
y el estruendo del órgano
invadió el recinto
ampuloso, de arquitectura vana, detalles
que el ciego comprueba
a medida que la burla
se va haciendo nítida
y que la catedral
(como la luz) se hizo.
El vidente, a su lado, incrédulo
cierra los ojos, oye la música
maravillado.

en tributo a Raymond Carver
***
Óptica III

Ver para creer, dijo el ciego, lúcido
o cínico. La conclusión
–o la burla–
era irremediable.
***
Óptica IV

Creer o reventar, dijo
el sapo, la rana
que croaba reventado,
reventada de tanto haberle pisado encima.
Cuál era el charco
donde cobijarse, dijo el sapo, la
rana que saltaba, croaba
en la noche, esta noche que
no se acaba nunca.
Animales brutos
los que andan por ahí,
sin fijarse donde pisan, van a quedar
ciegos como ateos
van a quedar, ácido líquido
para el que pise o reviente a
este pobre sapo, pobre rana entre
charcos iluminados
por luciérnagas, cantados
por grillos, bichos de buena
ventura, cosa
de creer.
***
Óptica V

Eso que ves ahí asomada
es un pozo ciego
que no te ve. Agua que creías
era cristalina
y ahora doblada sobre el
codo, la cintura hasta caerte casi
en el pozo ciego
gritás que vengan que vuelvan
pedís un poco de agua que creías
agua para beberte pedís un poco
doblada sobre el pozo ciego, casi te caés
buscás el fondo del aljibe y no es ni está
aullás incrédula
de lo que ves doblada
hacia el fondo
de lo que huele
a cloaca
casi te caés te cuesta
creerlo.
**
De En el brillo de uno en el vidrio de uno (Ed. La Bohemia), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Ahora que la ironía canta otra vez

“MUJER DE CIERTO ORDEN”

Juana Bignozzi

Me veo terrible
y horrible.
Me veo graciosa,
agraciada, agradecida.
Claramente oscura
de verdad me veo
calamitosa.
Sola
multitudinaria
querible;
sin saber hablar,
sin que nadie
hable me veo mía y
mundana
cotidiana, tenebrosa,
y sin pena, ni / gloria
actual
temible, che, temible.
***
ORACION DE LA POBRE

Pobre de la intranquila
de la consecuente
de la que no satisface su
pedido, ah pobre de la
inquieta
de la cumbre borrascosa,
de la azucena
marchita en el vaso,
pobre de la que espera
de ida y de vuelta
pobre su oración
de pobre.
Pobre la que se rebela
ay de esa oración
de la rebelión
de la Pobre.
La fantasmagoría de
pobre la mujer,
pobre la soledad,
la poca virtud
la poca acción
del llanto.
Pobre la que no puede
hacer novela
ni film
ni realidad
con la pobreza.
Pobre la que se rebela, y
guay con la rebelión,
pobre inquieta.
***
LARGA DISTANCIA

Perras
la mujer es como una dulce perra
a la espera siempre
busca y espera confiada
el portazo, el amor, el
pantano o
una maravilla.
Perra mira con sus ojos dulces
la venganza, la prepara
despacio, elabora
su inocencia cruel
qué pretende
la mujer.
**
De El mundo incompleto (Libros de Tierra Firme, 1986), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

domingo, 5 de septiembre de 2010

¿Y si no son margaritas?

EL MUNDO INCOMPLETO


a mi hijo


El reverso del mundo plagado de
margaritas
ondulantes, iluminadas.
El mundo, tal como es,
difícilmente pueda completar
la llegada a las
ondulantes margaritas.
¿Quién necesita esas flores
quién se queda en describirlas
tal como están, allá lejos,
quién sabe cómo son esas flores?
¿Y si no son margaritas?
¿Si no se llega
si no se completa el mundo?


***
De El mundo incompleto (Libros de Tierra Firme, 1986), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

sábado, 4 de septiembre de 2010

Como un adolescente tuve fe

FIN DE ESTACION



Como una ciega me puse a oler los maremotos
como una ciega que tiene sed
quiere agua, quiere ver el agua. Como
un gigante aplastado
toqué el pasto
tanteé el suelo, como
una infeliz
deseché mi casa como una infeliz,
como un sabio desgajé una fruta y
como un adolescente tuve fe,
como un muerto tenía un único elemento.
**

El último verso pertenece a Paul Éluard.

jueves, 2 de septiembre de 2010

No era gente de creer

LA EVIDENCIA


He buscado y hallé
hombres, mujeres que escribieron
sutil, violentamente
sobre sí, y me dije
convencida: hay buenas personas
en este mundo.
Leí y abrazaba esos libros
como abrazo a personas,
reí, sufría, estudié tanta palabra
escrita
por esos hombres y mujeres,
creía en su palabra con una voluntad
animal. Hasta aquí fue
todo: cargué cada ejemplar en cajas,
enormes y pesadas cajas,
con esfuerzo
las bajé hasta la calle y esperé
la hora de paso del recolector
de basura. Nunca
me duermo hasta que no veo ni oigo girar
la compactadora del camión.
Siempre estoy ahí, como
si se tratara de una cita inolvidable.
Cuando llega, corroboro
lo que hice esa noche. Saludé
gentilmente a los muchachos mientras
cargaban las cajas, le di
propina a cada uno, por
el esfuerzo, y volví a casa.
La decisión fue la de un crimen premeditado
e imperfecto, como todos. Aún
desconozco el motivo cabal,
sólo una vaga y brumosa
sensación, inapelable,
fue lo que determinó este asunto: qué clase
de personas serían estas
que ríen y sufren
tan sutil, tan violentamente
por escrito.
No eran palabras
como hechos. No era gente de creer. Por
eso fue, por eso.

De La calma (Ediciones Libros de Tierra Firme, 1991) y recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

martes, 31 de agosto de 2010

TATUAJES

TATUAJE I


No uses pincel de cerda,
ni pelo de conejo;
procura lo más suave: bigote de ratón o cabello
de niño.
Severo Sarduy


Enemistada con la vida
que ofrecía tanto,
vaciada,
dispuesta a reír,
a dar algo
hube de hacer las cosas
trastrocando
girando un escalpelo
mojado en tinta hube
de limar
punzar
un dibujo
expresionista.
Si la espalda fuera más condescendiente,
si mi enojo con la vida
fuera más liviano... por qué hube
de elegir un estilo
tan antiguo, un dibujo
tan dolido y
raro
***
TATUAJE II
Versión de Irezumi*

Quizá sea
esa mujer recostada sobre un adolescente
que sufre por mí:
voy a casarme,
la tinta, la aguja
y el plumín
están listos
a un costado, y el viejo maestro
quiso tatuarme así
porque el método es
seguro.
El adolescente tiene
los ojos acuosos, apenas me muevo
o salto por el dolor que
inflige el canuto de ganso en mi espalda,
como una uña, como incienso
encendido
él me mira
y toca suavemente mis codos.

Si quisiera salir de mi posición
el tatuaje demoraría
y con esto el casamiento: no debo,
el futuro esposo
desea ver la espalda desnuda
con dragones dispuestos a lo largo
y flores de cereza, de lis, de manzana
y que mi perfume
se parezca al dibujo.
Quizá sea esa mujer
recostada sobre el adolescente.

El ardor no se soporta
y aquí abajo se trata
de una piel demasiado
tersa que
me ayuda a olvidar esta pluma quemada, persistente,
como pico de pájaro
lengua
o punta
lógica, líquida
sobre la espalda,
no, aunque esté ya casi terminado
no voy a casarme
esperaré al aprendiz
del viejo,
posiblemente
yo sea
lo que imagino.

* Este film describe el tatuaje de una mujer a punto de casarse. Si-
guiendo esta antigua costumbre japonesa el artesano, como método
personal, decide colocar debajo de ella a un muchacho, aprendiz del
oficio, a efectos de terciar con el sufrimiento.
**
De La calma (Ediciones Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

EL AIRE MUEVE LAS HOJAS DE UN CUADERNO

“Las pequeñas palabras que quiebran
el pensamiento y lo dispersan, no
expresan nada. ‘Sobre la vida, sobre
la muerte, sobre Mrs. Ramsay’ –no, pensó,
no se puede decir nada de esto a nadie–.”
Virginia Woolf


MOVIMIENTO


Una mujer sola frente al mar
es más majestuosa que él.
Puede pasar una gaviota
augurando la muerte
o puede caer el sol humedeciendo
las lonas de las carpas
hasta apagarlas,
pero una mujer
frente al mar
mece su soledad como una dueña
y no se estremece.
La luz
del mar tiene la importancia
y el movimiento de su ánimo, de su alma.
El viento suena alrededor
de la mujer
y la despierta:
ahora se trata de la playa sin luz, una mujer,
el sol caído, el sonido del mar,
carpas levantadas,
el viento que lo da vuelta
todo.
**
De La luz en la ventana (El Escarabajo de Oro, 1982), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

lunes, 30 de agosto de 2010

Una copla

COPLA

El corazón es un árbol
que canta cuando le duele
la sed que le va sobrando,
el agua que ya no bebe.



de La calma (Libros de Tierra Firme), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

domingo, 29 de agosto de 2010

Entre la pena y la nada

¿ALGO QUE LAMENTAR?

Versión I

¿Algo que lamentar?,
esa burbuja
o el dulce asunto,
envés de qué, algo yéndose,
un gesto quedo
como una mala traducción:
allá, acullá, qué de lamentar
si uno no sabe lo que da,
si uno apenas dice o calla
y se retira. O el envés
de la cosa
es otro.
Reparar, dice, reparar
lo ido o lo deshecho
¿como una burbuja yéndose, el trance
del cuerpo fino a una nada
de jabón?
¿Y qué del resto? Eso que resta
o queda, decir lo que perdura como una burbuja,
la simple necesidad perdura
o el corazón se acaba.
***
Versión II

¿Algo que lamentar?,
esa burbuja
o el dulce asunto,
envés de qué,
un gesto quedo
como una mala traducción: qué de lamentar
si uno no sabe lo que da,
si uno apenas dice o calla.
Reparar, dice, reparar
lo ido o lo deshecho,
la simple necesidad perdura
o el corazón se acaba.
***
ENTRE LA PENA Y LA NADA


"No es que pueda vivir, es que quiero. Es que yo quiero. La vieja carne al fin, por vieja que sea. Porque si la memoria existiera fuera de la carne no sería memoria porque no sabría de qué se acuerda y así cuando ella dejó de ser, la mitad de la memoria dejó de ser y si yo dejara de ser todo el recuerdo dejaría de ser. Sí, pensó. Entre la pena y la nada elijo la pena."
maese Faulkner

¡Y mi corazón se horrorizó contemplando a tanto infeliz
Acudiendo con fervor hacia el abismo abierto,
Y que, ebrio de sangre, preferiría en suma
El dolor a la muerte y el infierno a la nada!
Ch. Baudelaire

Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.
Cesare Pavese

Versión I

Cierro esa puerta como cierro los ojos,
sólo recuerdo de la carne,
vieja carne al fin,
no me acuerdo de nada salvo de la carne al fin,
cierro esa puerta para no ver
si detrás quedó la pena o la nada,
el fuego encendido detrás de esa puerta, incineración
del cuerpo dicen,
tibia ceniza entre las manos, la carne reverbera
como recuerdo entre las manos,
ya no veré la pena.
***
Versión 2

Cierro esa puerta como cierro los ojos,
sólo recuerdo de la carne, vieja carne al fin,
no me acuerdo de nada salvo de la carne al fin
detrás quedó la pena o la nada, no hay acuerdo
ni objeción, salvo el fuego encendido,
la carne reverbera como recuerdo,
no veré la pena, nada, cierro,
detrás la carne pide.
***
Versión 3

Cierro esa puerta como cierro los ojos,
sólo recuerdo de la carne, vieja carne al fin
detrás quedó la pena o la nada, no hay acuerdo
ni objeción, salvo el fuego encendido,
la carne reverbera como recuerdo,
pide aunque sea pena,
pide
aunque sea nada.
**

viernes, 27 de agosto de 2010

Variaciones

I

Mi cabeza envuelta en humo de un fuego apagado.
¿Pagaste los leños del hogar? O
simplemente juntabas ramas en el bosque. Ah,
marea de pinos, se bambolean y crujen
como barcos anclados (¿has visto alguna vez el mar,
has apagado todos los fuegos?).

II

¿Pagaste los leños del hogar?
Ahora echás uno a uno al fuego. Fácil,
el de la hojarasca, enciende
y consume cada rama en sí misma;
sacrificio, con tal de que prendan de una vez
los troncos, haya calor
de hogar, y este oír y mirar las chispas,
celebrar lo pagado.

III

¿Apagaste todos los fuegos?
Y ahora deberás cargar ceniza,
despejar.
Llevabas cada leño al fuego,
ardieron, uno a uno.
Has abierto la casa a ventilar, y
el corazón hiede a leño puesto
y quemado
(mas quién te quita lo bailado)
cuando es día.

IV

¿Apagaste todos los fuegos?
Y ahora deberás cargar ceniza,
despejar.
Ardieron.
Has abierto la casa a ventilar, y
el corazón huele a leño puesto
a quemar, a ramita que se deshace.
Es liviana la ceniza
porque ha dado.
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