miércoles, 13 de abril de 2011

El damasco

Yo que he muerto por propia voluntad, que
reviví por voluntad de otros,
ahora me veo muriendo
de muerte natural en unos años,
la cabeza encendida,
iluminada de ansia pura,
asombro,
fuego insensato parecido a locura senil,
a infancia,
que he vivido más o menos de
lo que cuenta la ley o el sino,
que he muerto por la esquiva
humedad.

Curioso, la risa,
como un líquido,
me sostiene y aprieta el corazón.
He andado así, nunca una meseta
ni la tensión superficial
del lago. Yo que morí por propia voluntad
dormida sobre un médano, y
el sol me ha acariciado muerta y viva,
ahora disfruto
su piedad como a un damasco,
dulzura inconcebible,
insensato damasco que pruebo
y río, oscura,
dichosa de mí.


De La dicha (bajo la luna, 2004), recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna, 2008)

4 comentarios:

  1. Dichosa de mí también al leerla, siempre.

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  2. Gracias, DD, o como sea tu nombre, Irene

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  3. Te he descubierto relativamente hace poco tiempo,creo que la vida con tu poesía se hace mucho más grande,con una puerta inmensa a la libertad,a la luz, al mar... tu poema “mientras tanto” es sobrecogedor,y una “mujer sola frente al mar” un precipicio. Me fascina toda tu poesía, eres un ser afortunado por poseerla y compartirla, un abrazo muy fuerte ,Irene.

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  4. Laiseca Estévez, muchísimas gracias (no absolutice, por favor). Mi abrazo, Irene

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