miércoles, 29 de septiembre de 2010

Algo, algo acontecerá

DE HECHO, ESPERAN ENORMES CAMBIOS EN EL ÚLTIMO MINUTO

Grace Paley

Siempre veían a sus pares
en el cine, en una plaza.
Corrían y se angustiaban por cualquier cosa,
si algo iba bien o algo iba mal,
se retorcían y se angustiaban igual.
El sufrimiento pasaba de largo a medida
que los días también pasaban, y la alegría
era ese momento
cuando escuchaban, sin querer, a algún chico
que cantaba sin saber lo que cantaba.
Ah, ahí se largaban a reír, tentadas,
contoneando el cuerpo.
Creían otra vez en la vida como
si antes ésta hubiera sido una fea película, vieja,
en blanco y negro.
Tarde,
solían estirar la nuca hacia atrás, para
ver las estrellas
y la noche, que era azul. Soñaban
antes de dormirse, y cuando se dormían,
algunas soñaban y otras no.
Hoy en día arreglan sus casas, caminan
y caminan por la ciudad,
y después del trabajo vuelven
(el teléfono en su lugar, la desazón, la blusa donde estaba),
crispadas, solas, cansadas.
Cuando se enamoran tienen un temor súbito
que les hace preguntarse hasta cuándo durará
este día dorado,
y cuando pasa el temor
o el amor, no dejan de dar cuenta
que la vida siempre fue,
debería ser en colores,
como cuando estiran la cabeza hacia atrás
y se asombran mirando el cielo.
Entonces, ya en la cama, se ponen a canturrear
tamborileando: algo, algo acontecerá.

De Solo de contralto, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

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