miércoles, 10 de agosto de 2011

Contra la gangrena

Tensa como un pavo real a punto de
abrir la cola magnífica
con ese gesto altanero, su plumaje, quitó
con un peine fino
los pocos piojos que había en el pubis,
colocó chinches estratégicas en algunas fotos, mala superchería,
alquiló un mantón enorme y negro con flecos hasta el piso
y se puso a responder el epistolario:
“Víctima de mi suicidio
salí a respirar aire puro”, escribió, “e
ilusa, hasta habían chupado el agua
en el lago del parque”. La brutalidad del texto
era parecida a la tensión: a qué se debían
esas ganas de reírse del mundo;
no lo sabía.
No, todavía no.
Así que devolvió aquel mantón dramático
y pasó la lengua
sensualmente por el borde
gomoso de la correspondencia,
quiso probar
sin sensatez ni oprobio
ni oquedad
eso que la gente hace,
así de sencillo,
cuando no ha muerto.

De La calma (Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial, 2008)

2 comentarios:

  1. Así es cuando no se coincide con el "afuera", una se queda viva, devuelve el mantón y sigue como si nada... hasta que se dé...
    Arcadia

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  2. Qué buen gusto para cortar el verso, qué buen gusto para elegir las palabras. Esa intrucción espistolaria ensamblada en el poema es, a mi ver, un hallazgo, gratísimo, como es grata esta lectura

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