domingo, 24 de octubre de 2010

“Guarda con la nena, gilún”

Una letra familiar
(Fragmento)

7

Fue la vez que lo vi en calzoncillos. La impresión que me dio verlo así y llorando con una congoja, todo, la primera vez que lo vi así.
–Cerrá la puerta, cerrala, por favor –le dijo a mi madre y corrió a sentarse en la cama de espaldas haciendo como que miraba la ventana. Y mi madre me miró entonces con una cara medio de perro y cerró con llave.
Pero seguía llorando tan fuerte. Antes de que mi madre cerrara la puerta lo vi agachado agarrándose la pelada, y aplaudía y lloraba. Eso es la desazón, digo ahora. Después me contaron que fue cuando se murió la abuela Sara, y yo era chica, no sabía.
Mi padre era feo en calzoncillos. Me di media vuelta y me fui al jardín. Eran como las ocho, casi de noche, pero me fui igual, así los mosquitos me comieran cruda, no pensaba entrar a la casa hasta que no oyera que dejó de llorar. Blanca era la camiseta y el calzoncillo a rayitas grises, feísimo y largo, no era como su traje de baño azul, era otra cosa.
***
15

Mi tío Mario me llevó ayer a la cancha, a la popu, como él dice. Había que subir por unas gradas altísimas y cuando llegamos casi arriba de todo, él me dijo sentate y había que sentarse ahí, en esa especie de tablones de cemento. “Esto es Boca, mirá bien, mirá todo.” Se saludaba con medio mundo y se reía con una alegría que no le vi nunca. Yo estaba como atontada por el barullo tremendo que hacía la gente pero más que nada estaba esperando al panchero porque Mario me había prometido pancho y Bidú. “Una fiesta nos vamos a dar, vas a ver.” Y el hombre vino y todo, y mi tío me compró pero recién en el entretiempo. Así que el primer tiempo lo vi más o menos esperando. Cuando entraron los de Boca a la cancha se paró el mundo entero y yo creí que me caía porque parecía que el piso temblaba a lo bestia, y los de arriba se agarraban de los que estábamos más abajo. “Guarda con la nena, gilún”, gritó Mario a no sé quién y me sostenía muerto de risa. Yo me senté pero él se quedó parado todo el tiempo y saltaba. Para olvidarme del miedo levanté la cabeza y ahí vi la cancha por primera vez. Enorme, con los jugadores como mosquitos ahí abajo, corrían y se caían y seguían jugando como si los golpes que se daban no les hicieran un pito. Ni un gol en el primer tiempo. Mario se tomó una cerveza entera y estaba con bronca. Hablaba con todos y se ve que era amigo del panchero porque no le cobró nada; cuando me dio la Bidú me acarició la cabeza y Mario sacó del bolsillo de la campera un Nuestra Palabra* dobladito en cuatro, le levantó la gorra y se lo puso ahí; el panchero se acomodó la gorra de vuelta y me guiñó un ojo: “Boca está que pela; gracias, cumpa”, le dijo y subió hasta arriba de todo.
Uno que se agarraba de los hombros de Mario gritó de golpe: “Golazo, viva Perón, carajo”. Yo me di vuelta y vi justo la cerveza que le escupió Mario empapándole la camisa y la cara. “Rajá, gorila, comunista de mierda”, le dijo el tipo sacudiéndose la camisa.
“Quedate tranquilo que cuando venga la revolución todos vamo’ a ser bosteros; ¡andá a que te la lave Evita!” –le gritó Mario y me agarró de la mano y bajamos como cuatro escalones–. Viste qué fiesta, Boca campeón, Booo, gritaba. Me dio risa y después no me costó nada llegar hasta abajo.
A la salida cantamos juntos “Merceditas” como 10 cuadras seguidas sin parar, chochos porque Boca ganó. Cuando cantamos juntos es lo mejor de todo.

*Periódico del Partido Comunista argentino.
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De Una letra familiar, bajo la luna editorial.

1 comentario:

  1. Gracias por recordarme una costumbre de entonces: NP en el bolsillo del saco.

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