miércoles, 8 de febrero de 2017

Tú no eres araña

El rulo
(Leyendo a Sharon Olds)

La araña no hace un nudo
al final de su tela.
Yo observo el rulo de tu hilo
áspero y sutil: tú no eres araña.

La araña precisa atrapar, comer a la mosca,
cruel, por necesidad.
Lo intentas con la cabeza, el estómago
vacíos: yo no soy la mosca.

Implícita, la araña
provoca, conmueve su impiedad: no eres
la araña.

Desarma el rulo de tu nudo
teatral: tú raspas, arañas.
Yo no soy la mosca.

en., 2017. Inédito

domingo, 25 de diciembre de 2016

Por piedad, aquí

Buenas palabras

Por caridad
aquí se mueren todos
de amor,
por caridad. 
Por piedad, aquí 
se muere de amor,
por piedad.
Por fortuna, aquí
todo se mueve
como un magma
insólito, indescriptible
pero
vivo,
finalmente vivo.

Irene Gruss
de El mundo incompleto, 1987
en Irene Gruss, La mitad de la verdad, Obra poética reunida 1982-2007, Ediciones Bajo la luna, Buenos Aires, 2008

viernes, 16 de diciembre de 2016

Solarística

¿Acaso yo, como el Otro, no estoy

compuesta de nada?

Mi amigo ahora vive en Paquistán, ¿quién

lo creería? Ni siquiera cables

unen las voces, lo que decimos se escucha y

el entendimiento es grato,

¿igual de tangible, como pelar

un durazno? ¿Habrá duraznos

en Islamabad, donde dice que está mi amigo?

Y hay nada, también, que nos une

como cables, tendones o misterios así.

 


(para mi amigo Ivan)

Inédito

jueves, 3 de noviembre de 2016

Sal

Por volver la vista atrás
pude mirar fracaso tras fracaso tras fracaso,
fuegos vi, la ciudad hecha fuego,
convertida en un apocalipsis precoz. Y
mi nombre perdido hacia un desierto si volteo
la cabeza hacia adelante, hacia
lo que me espera:
soy a duras penas esa mujer de Lot: mi necesidad

no tiene nombre.

De próximo libro.

sábado, 8 de octubre de 2016

Aquíííí, nosotras

55



“¿Qué es la UMA?”* Así la cargamos cuando agarra la hoja y la pone en la máquina para redactar lo de la revista. Y le cantamos: “Aquíííí nosotras, ¿qué es la UMA, eh?”, y ella se ríe pero dice que ahora no escorchemos, que tiene que redactar la columna.
Todos los meses le toca explicar ahí qué es la UMA. Como a veces no le sale, nos pregunta a Selva y a mí qué puede poner. Selva pone cara de a mí no me pregunten y yo medio la ayudo pero siempre termina poniendo lo mismo casi, aunque le diga que esa revista es más aburrida que yo y que no va a convencer a nadie, menos a una mujer ama de casa y menos a una peronista. Y ella me dice no te creas, hemos ganado a muchas mujeres, en los barrios y en las villas, no te creas, en las fábricas la agarran y la leen en los baños, en la parada del colectivo. En la casa la esconden porque el marido las mata si las ve. Hay que lidiar con eso, todo lo que falta, dice.
Y yo para embroncarla le pregunto si cuando venga la revolución se van a acabar esos maridos y los mediocres, y ella salta como loca, pone los ojos como si le hubiese dicho que estamos en Marte, y ahí dice que cuando sea la revolución, todos van a ser ingenieros, brillantes, porque todos van a trabajar de lo que les gusta sin que los explote nadie. La verdad es que yo no le creo mucho. Como cuando la tía Aída dice que los edificios de la Avenida del Libertador se los van a sacar a los ricos y van a ser escuelas y teatros. Parece un cuento para que ellas se lo crean. Mi padre es diferente; él también pone cara de duda como yo o se queda pensando la pregunta.
En cambio mi hermano sale corriendo y trae Nuestra palabra; ¡pero mirá las fotos, aquí está!, y me muestra los monoblocks de la URSS recién construidos, de un gris espantoso. ¿Vos viste algo así?, grita, gratis los hacen, para todo el mundo, para que los hombres puedan pensar y sentir y… Y yo le digo que son feísimos, que ahí nadie puede pensar y sentir como la gente, y que por qué no los dejan creer en dios a los que creían, eh, ¿eso es libertad?, y que lo voy a decir en la próxima reunión, van a ver, a ver qué me dicen. Y ahí sale mi madre con las hojas escritas, chocha con la columna.


*UMA: Unión de Mujeres de la Argentina, órgano del Partido Comunista desde 1946 en adelante. 
De Una letra familiar, Bajo la luna editorial, 2007.
                                                    


                                   

sábado, 3 de septiembre de 2016

Cigarros

Mientras escribo esto él está en el salón,
ahí donde las putas los reciben. Él enciende su cigarro
y el olor y el humo se le hacen morbosos a
la puta que él ha elegido. Es la de siempre,
teme variar de cuerpos.
El perfume de ella además de barato apesta por excesivo,
por eso él fuma y lo tapa, o intenta taparlo
antes de quitarse la ropa.
Después se viste, satisfecho, y le habla. Habla para sí
y está convencido de que la puta lo escucha, de que le cree.
Sentado como está en la punta de la cama
busca sus zapatos, tantea porque el cigarro que humea
va hacia los ojos, los cierra, no ve.
La puta lo ayuda y como geisha coloca un zapato,
después otro en cada pie del cliente. También por eso él
elige a ésta, y se va desalmado.
Nada tan bueno como el aire frío afuera,
el humo, el volver a casa, todo como estaba,
el encender otro más.

Inédito

miércoles, 24 de agosto de 2016

Hombre sin auto


Ahora dice que tiene fríos los pies,
camina despacio.
Antes, cuando manejaba, 
cuidaba detenerse a cada cambio de luz, 
vigilaba el trayecto.

Vendió el auto como quien se inclina
y se persigna, rendido, suplicante.
Pide a Dios por una vez que lo contemple,
y que él deje de mirar 
como si fuese Dios. Por una vez,
dice cuando camina, temer, 
decir que teme.

Inédito

jueves, 4 de agosto de 2016

Pero el arte

Lo bueno y lo malo que he perdido no ha sido arte 
sino malentendidos: no saber oír,
trastabillarme;
raro cansancio hacía que diera cosas
por sentado: el abrazo;
hasta un puré era algo tan elaborado que evité pelar papas,
decir sí,
ya fuera por bueno
o malo, sin arte alguna, me equivocaba.

Después descubrí que el errar o el perderse
podrían ser lo mismo, un oficio extravagante. Pero el arte, 
ah el arte, no es oficio
sino servir
un simple puré de papas, ni muy caliente 
ni tibio
  
                                                                                         A Mirta Rosenberg, a Elizabeth Bishop.

Inédito

sábado, 23 de julio de 2016

La cosa

Tristemente oscura, bajé la persiana, miré adentro
nada por aquí ni por allá, deforme, desalmada _dije antes
y ahora qué si no sé dónde ni cómo, resbala 
la idea, 
ese nudo, esa galleta, la incandescente 
cosa.

Inédito
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