domingo, 9 de enero de 2011

YO ESTUVE A LA ORILLA DE UN RÍO

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se
llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


Yo estuve a la orilla de un río
blanco, yo vi un río blanco desde mi ojo
terriblemente azul
por la mirilla de un arbusto,
no la alcantarilla.
Palpé los ganglios de ese río, latían
como laten los sapos de René Char,
afortunados.
Desde ese ojo vi que mi sombra bailaba
mientras yo observaba quieta
la orilla, la de un río blanco. Estuve
como puede estar cualquiera, de paso,
de rodillas, así miré, toqué una arena abandonada,
blanca como un río que vi desde la orilla.
Nunca digan que poseo una voz
particular, nunca mi garganta plagió tanto
el borde de ese río.
Yo estuve a orillas de un río
blanco como arena abandonada, arena tibia,
danzaba y mi sombra
miraba el horizonte, buscaba un rumbo,
islas perdidas buscaba, a orillas de un río
blanco, de agua blanca.
Esa agua latía como un ganglio,
deseosa,
arropada en un andar tranquilo,
y dejaba en la orilla sólo arena,
una arena blanca,
abandonada.

de La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

3 comentarios:

  1. es un poema tremendo... y del epígrafe saltan íntimos sentidos... un gusto Irene.

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  2. Gracias, don. Hermosa corbata..., Irene

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  3. bueno, bueno...tan bueno como lo bueno...y aún más...o sea, lo imposible...

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