jueves, 2 de septiembre de 2010

No era gente de creer

LA EVIDENCIA


He buscado y hallé
hombres, mujeres que escribieron
sutil, violentamente
sobre sí, y me dije
convencida: hay buenas personas
en este mundo.
Leí y abrazaba esos libros
como abrazo a personas,
reí, sufría, estudié tanta palabra
escrita
por esos hombres y mujeres,
creía en su palabra con una voluntad
animal. Hasta aquí fue
todo: cargué cada ejemplar en cajas,
enormes y pesadas cajas,
con esfuerzo
las bajé hasta la calle y esperé
la hora de paso del recolector
de basura. Nunca
me duermo hasta que no veo ni oigo girar
la compactadora del camión.
Siempre estoy ahí, como
si se tratara de una cita inolvidable.
Cuando llega, corroboro
lo que hice esa noche. Saludé
gentilmente a los muchachos mientras
cargaban las cajas, le di
propina a cada uno, por
el esfuerzo, y volví a casa.
La decisión fue la de un crimen premeditado
e imperfecto, como todos. Aún
desconozco el motivo cabal,
sólo una vaga y brumosa
sensación, inapelable,
fue lo que determinó este asunto: qué clase
de personas serían estas
que ríen y sufren
tan sutil, tan violentamente
por escrito.
No eran palabras
como hechos. No era gente de creer. Por
eso fue, por eso.

De La calma (Ediciones Libros de Tierra Firme, 1991) y recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

4 comentarios:

  1. Celebro este sitio.
    Cuando leí este poema por primera vez, me dije, que ese libro que tenía en mis manos era una gran inversión y ahora que vuelvo a leer este poema, lo confirmo.
    Besos, Irene Gruss.

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  2. Insisto: su poesía me llega profundamente. No leí toda su obra. El asma, El mundo incompleto, Solo de contralto, poemas en Lugar común (necesito ponerme al día con toda la obra). Siempre regreso a su poesía. Una amiga desde Guanajuato me avisó de este sitio. Gracias.

    Susana.

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  3. Muchísimas gracias, Susana. Va mi abrazo, Irene

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