jueves, 30 de septiembre de 2010

Así no se puede morir una

Una letra familiar

(fragmentos)
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A la par de su padre como una sombra
y de su madre como la otra
no nombrada. Encrucijada y todas las versiones
de una misma, que no puede partir
la diferencia.
Lelé Santilli

¿Por qué estaba el tiempo eternamente inmóvil en un lugar y se disipaba y precipitaba en otro?”
W.G. SEBALD
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6

La arena es más pesada aquí que en la playa. Pero subir los médanos hasta esta loma me gusta. Ahí viene el verde, ahí se va, empieza la loma.
Me siento en la arena y me acuesto, así miro el cielo y todo desde arriba, hasta la zorra ahí abajo que carga vaya a saber qué porque está siempre vacía y la vía es corta y toda oxidada, no llega ni al fondo de ese pozo grande de arena; los primos y mis hermanos venimos corriendo y unos nos metemos ahí adentro, y los que se quedan abajo la empujan, y los que estamos arriba nos morimos de risa. Allá lejos está el faro gordo que avisa a los barcos. Arranco las uñas de gato y les saco el jugo; después me limpio con la arena porque es más pegajoso que mi abuela. ¿Para qué vas sola al médano? –me preguntó mi madre ayer y anteayer también–. ¿Por qué no te quedás con Selva, que es más grande? Y yo me vengo aunque me canse las piernas y me lastime con los yuyos. Apurada y sola, y no tengo miedo ni frío.
Selva me enseñó el otro día una oración que dice “El viento ulula”. Me la pasé diciéndomela porque es linda y es la verdad: el viento ulula y aquí arriba hasta la arena ulula. A mi madre le da miedo por el frío porque justo subo cuando va a bajarse el sol. Yo estoy alta y lo miro bajar tan despacio... Ahí empieza a ponerse todo blanco, hasta el pasto del mismo color; el aire tiene un color rarísimo después de lo dorado que se pone antes de que el sol se muera, cuando no aparece más. Vengo a la loma de arriba y digo “El viento ulula” sin que nadie me hinche. Yo me quedo quieta, casi ni respiro hasta que lo tapa un médano.
***
12

Veo la lluvia. Desde esta ventanita, la mejor de toda la casa, apenas veo entero el mandarinero y el costado de los lirios. Acá vengo a estar triste. No como la dentadura postiza de mi padre. La pone en una taza en la mesita de luz y se duerme la siesta. Cuando yo me muera no quiero ser como esa taza ni la dentadura puesta ahí. Estar triste es distinto porque es algo hermoso, no feo como eso. Él cuando duerme a veces sonríe pero a veces no, porque está con esa cara sin la dentadura. Se queda con el diario abierto entre las manos y a veces se le cae al piso; eso a mí y a mi hermano nos da risa. “Miralo, miralo ahora”, me dice mi hermano, y ahí tenemos que salir corriendo porque se puede despertar y ahí mi madre nos mata.
Veo la taza y no me da ganas de mirarlo. Entonces me vengo acá, a la pieza de cachivaches del fondo. Hay de todo aquí adentro pero no me interesa nada. Me doy vuelta y escucho mejor la lluvia. Hago como la del libro que mi madre nos leyó el otro día, Alicia en el país de las maravillas. Esa Alicia es más triste que yo. Se mete por todos lados, no sé de qué maravillas hablan, pero para mí que lo hace de seria que está. Y todavía no entendí bien qué le pasa, por qué es así de sola en su jardín y en su pieza. Huérfana debe ser, seguro, me debo haber perdido la parte que lo explican. Casi al final me aburrí del libro y me fui a otro lado. Hacía demasiadas cosas, iba a demasiados lados para mí. El libro del pájaro azul es más lindo. Y con ese nombre... Alicia parece una chica rica, con esos vestidos tan lindos de los dibujos.
Está parando y las gotitas chorrean de las mandarinas como si las hubieran pintado encima y la pintura les chorreara. Yo no vengo a pensar. Para pensar está el paraíso con el jazmín del país alrededor. Estar triste es otra cosa. Ni canto ni nada. Miro el pasto y lo hago de blanco y negro. Como una película terrible. Cuando yo me muera quiero que todo sea en blanco y negro. Así no se puede morir una, tiene que ser una tristeza perfecta.
***
17

La flor del cardo tiene el color más hermoso. Es tan hermosa como el girasol. Pienso en lo que le debe haber costado crecer en la arena y encima con ese tallo feo llegar a dar esa flor preciosa. Cuando sea escritora voy a contar esto.

2 comentarios:

  1. Irene: desde que leí una letra familiar me pasa que voy caminando por la calle y recuerdo frases exactas, me llegaon de una manera muy familiar, las recuerdo como si la nena que cuenta su historia hubiese sido mi amiga, o mi hermana, o yo misma.
    Por culpa de un broncoespasmo pude ir al taller del festival de rosario sòlo el 1 día. Me quedè pensando mucho en tus palabras y en esa pregunta: què te conmociona?
    una letra familiar, sin dudas.
    saludos Irene, gracias por compartir tus poemas con todos nosotros.

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  2. Manu, muchísimas gracias por todo lo que decís. Mi abrazo, Irene

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