martes, 8 de marzo de 2016

Y ella se les acercó con los volantes y les gritó de todo


Cada año, todos los años, el 8 de marzo pienso y homenajeo de alguna forma a mi madre. Hoy va un fragmento autobiográfico de Una letra familiar:

Mi madre volvió de una manifestación. Está toda colorada y tiene un chichón en la frente, cerca de un ojo. Renguea también. Pero está contenta como si hubiera ido a la fiesta más divertida. Llamó mi padre para saber si había llegado y ella le contesta que sí, que está bien, que a la noche le cuenta. Se ríe, dice que no es nada, que apareció la montada (ella no dice “la policía” ni tampoco le gusta decir “la cana” como a mi hermano) con unos caballos enormes y ella se les acercó con los volantes y les gritó de todo. Y ahí la agarraron del pelo y del tapado, entre los caballos, y dos de la montada sacaron del cinturón las cachiporras y entraron a dar. Y que si no fuera porque se pudo soltar no sé cómo, y no es nada, sólo un golpe, qué plato, un espectáculo, dice, miles éramos y no sólo del Partido, una fiesta la marcha.
Se va rengueando al baño. No mira a nadie, ni a Selva siquiera, ni su renguera mira. Y mi hermano está orgulloso. Yo más o menos. Me imagino esos caballos, brillantes como eran los de los desfiles de 9 de Julio, la veo entre las patas brillantes, hermosas y duras, y ella ahí con los volantes en una mano y sosteniendo la cartera con la otra, como La madre de Gorky. Y no. La miro a Selva que está en la galaxia china y le pregunto si quiere un Nesquick con leche caliente, como un submarino, le digo. Dale _me dice como si le importara tres pitos_, total…. Y ahí la agarraron del pelo y del tapado, entre los caballos, y dos de la montada sacaron del cinturón las cachiporras y entraron a dar. Y que si no fuera porque se pudo soltar no sé cómo, y no es nada, sólo un golpe, qué plato, un espectáculo, dice, miles éramos y no sólo del Partido, una fiesta la marcha.
Se va rengueando al baño. No mira a nadie, ni a Selva siquiera, ni su renguera mira. Y mi hermano está orgulloso. Yo más o menos. Me imagino esos caballos, brillantes como eran los de los desfiles de 9 de Julio, la veo entre las patas brillantes, hermosas y duras, y ella ahí con los volantes en una mano y sosteniendo la cartera con la otra, como La madre de Gorky. Y no. La miro a Selva que está en la galaxia china y le pregunto si quiere un Nesquick con leche caliente, como un submarino, le digo. Dale _me dice como si le importara tres pitos_, total…

De Una letra familiar, bajo la luna editorial, 2007

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