jueves, 10 de abril de 2014

Verano


Ah, esperanza, qué verde eras.
*
Corrías, corrías hacia los cardos,
tus muslos sangraban de picaduras,
la piel raspada por dientes de león, llegabas
hasta los cardos a admirar ese lila, ese azul.
*
Y aun así esperabas a que voltearan su cabeza arriba,
tarde,
los girasoles.
*
Pero llegaste al médano,
el pelo y la nuca empapados,
y el zumbido del aire y de las moscas aturdía. El aire sobraba.
*
Llegaste a la soledad más plena
allí parada sobre un médano.
*
Suspirar para ver el mar.
*
Las manos laten, arden bajo la arena,
te revolcás y reís
hasta que la arena es tapada por una sombra,
y ahora es fría y húmeda, y
empieza el fin.
*
Entre la esperanza y la fe hay una duna plagada de cardos,
juncos secos, avispas a la tarde.
*
Por la mañana no hay sol. Va a llover, ya llueve.
La palabra verano no tiene sentido, grita la niña,
la que demora en vestirse, salta una cuerda y
conoce el tedio.
*
Esperanza plañe entre algodones.

Inédito
Nota: El último verso pertenece a don César Vallejo.

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