domingo, 11 de marzo de 2012

Otro viejísimo poema

No te trae la lluvia
ni el viento acerca
siquiera un soplo,
un ruido, algún misterio.
Ni cuando arden mis ojos llega
a vos el
no verte.
Cada paso que doy
es para sentir el suelo
y anhelar una señal lejana,
cercana de que estás, ahí,
tan despierto como yo
y haciendo del tiempo una nada,
esa que horada cualquier elemento.
Dulce manotazo de ahogada, doy
lo único que doy: miseria, mascarada.

Ni la lluvia te trae
ni el polen; esto, Dios, no es natural,
es el llamado sino,
no el semen que quise tomar hasta
la euforia, la confusión.
Ni el viento acerca las cáscaras de otoño, la furia;
esto no es natural: el año pasa raro,
sin escrúpulos, hace calor
en mayo pleno.
Ni el mar dice
algo de vos, como si no hubiera
un secreto en este no.
Él, que como el fuego sabe
de los vivos y los muertos,
nada avisa
y declara: ausencia fatal, milagro del yo sólo, aguanta
y zozobra, pajarito divino,
mensajero ebrio que guías
la humareda de mí,
humo de colores, sube, deforme, desalmado,
aroma de ceniza y de chispa
que no podrás oler, esto no es natural,
estás tan oscuro y tan claro
como ese aire enrarecido
y como esa agua que no lleva
más que el ala
de mi ángel guardián, pajarito
que dicta: no estás, nada
te trae,
es el llamado sino,
es a quien llamo y
se pierde
como un eco mortal.

De Solo de contralto

jueves, 23 de febrero de 2012

Objetivismo

Se secó el patio. Antes, las baldosas
brillaban rojas y había un charco en el centro,
señal de que el patio es viejo, el piso se hunde.
Nadie entró el triciclo; quedó ahí afuera
goteando.
El cielo sigue seco como el patio.




Inédito

martes, 21 de febrero de 2012

Pesca en el lago

Al lado de los patos
(una familia de pequeños patos salvajes)
navega una botella de lavandina,
de plástico, amarilla.
Para algunos filósofos y poetas / esto fue
una imagen de lo real miserable.
Creían que
había sido puesta
precisamente ahí, junto
a patos salvajes, en el lago,
para regocijo y reflejo causal
del desencanto.
El plástico amarillo navegó
hasta detenerse en una isla artificial.
Los patos dieron la vuelta y
siguieron su camino.
Patos hambrientos, pensé, van a comer
la carnada perdida
por esas cosas de la corriente.
Los chicos veían cómo se alejaba su botella
hacia el centro del lago,
maldijeron al viento
y sólo atinaron a sufrir
y a sonreír.

De La calma, recopilado en La mitad de la verdad, 2008

sábado, 18 de febrero de 2012

Plegarias atendidas

Plegarias atendidas, como se barre
la herida, lo que había que sufrir,
la lástima, la mía.

Plegarias atendidas:
he dejado de rezar,
las rodillas se arrastraban
porque dolían.

Lo dejado a perder, valentía o
plegarias atendidas.

Hora que no viví, hora que no vivía
llegaron por plegarias atendidas.

He decidido llorar tanto
más
el dividendo o la nada
por plegarias atendidas.
**
Obviamente se parafrasea lo escrito por santa Teresa: "Se derraman más lágrimas por plegarias atendidas que por las no atendidas".

viernes, 17 de febrero de 2012

Admirable me tendía



Me di sin decir esta boca
 es mía, como una medusa,
 violeta me abrí, me contraje,
 transparente y
 gelatinosa, admirable me tendía,
 y el mar me dejó como a un desperdicio de
 la orilla, y
 yo no contuve mi forma.


 De Solo de contralto, recopilado en La mitad de la verdad, 2008.

sábado, 11 de febrero de 2012

Al final del día


Y ahora bailás,
das la vuelta y flotás en el aire,
no sé qué se festeja
pero bailás la salsa que suena en el parlante,
casi flotás como quien llega a Dios,
satisfecho pero no, no es eso, hay algo falso, tampoco
es alegría lo que suena,
fueron bombos.

Al volver a casa, ya descalzo
hartos de zarandear los pies
dicen algo, no sé bien qué,
quizás es la madera que cruje debajo de vos,
algo te hace tambalear
al final del día, 
cuando suena la sirena; la de los barcos, la de la fábrica.

Inédito

domingo, 5 de febrero de 2012

Tibia e impura

LUCINA

                   a mi hija

Va a llamarse Lucina.
Va a tener esa luz
en el nombre y
cuando aspire el aire
(tibia e impura)
gozosamente, el aire.


domingo, 29 de enero de 2012

El límite

Yergue tu pensamiento insomne
como el lago aquel de olas cortas, salpica
nimiedad; 
agua cercada por el límite:
aquí termina.


jueves, 26 de enero de 2012

Exhalás humo

Quedaste agotado después de leer ese libro. Ahora, lo mirás con desprecio sobre el escritorio, mañana lo pondrás nuevamente en el estante, antes lo abrirás, repasarás una que otra página, lo volverás a cerrar ofuscado. 
Levantás las cobijas y te frotás los párpados mientras volteás desde el talón primero un zapato, de inmediato el otro, y apoyás por primera vez en la noche los pies en la madera. Hace frío, ahora lo notás, o es el cansancio. Nada mejor o peor que ese desvestirse y mirarse así, semidesnudo, libre de botones, el cinturón que apretaba la cintura, los calcetines dentro de cada zapato. Ahora el techo, las paredes, el último cigarrillo con aliento a menta y lo que quedó de la boca pastosa antes de la higiene. Recordás que dejaste la copa de ron y de un salto salís de la cama, llevás la copa a la cocina, le das un enjuague superficial; no soportás el olor ni el aliento a alcohol, apenas el de un cigarrillo que supuestamente va a relajarte o te podría llevar al sueño. Seguís pensando en el libro, se te ocurren reflexiones que nunca anotarías pero quedan, van quedando mientras aplastás la almohada e intentás que el arco de la nuca entre en esa concavidad. 
Añorás el coito, un cuerpo, aunque más no sea este, ese o aquel. Y te das vuelta. Programás ahora la alarma del celular, por si acaso, para no levantarte abombado ni después de hora. No lo apagás nunca; que molesten.  
Una moto chirría el asfalto allá afuera; alguien pega un grito. La ventana. Hora de ir a mirar por la ventana. El cielo está blanco otra vez, pura escenografía. Descalzo, semidesnudo, empezás a elucubrar y a mirar las cosas de un modo igual a la fascinación. La noche es más cambiante que la germinación del poroto, pensás y te reís; que engendrar un hijo. 
Bajás la cabeza y exhalás.   
**
Inédito, de Piezas mínimas