Plegarias atendidas, como se barre
la herida, lo que había que sufrir,
la lástima, la mía.
Plegarias atendidas:
he dejado de rezar,
las rodillas se arrastraban
porque dolían.
Lo dejado a perder, valentía o
plegarias atendidas.
Hora que no viví, hora que no vivía
llegaron por plegarias atendidas.
He decidido llorar tanto
más
el dividendo o la nada
por plegarias atendidas.
**
Obviamente se parafrasea lo escrito por santa Teresa: "Se derraman más lágrimas por plegarias atendidas que por las no atendidas".
Páginas
sábado, 18 de febrero de 2012
viernes, 17 de febrero de 2012
Admirable me tendía
Me di sin decir esta boca
sábado, 11 de febrero de 2012
Al final del día
Y ahora bailás,
das la vuelta y flotás en el aire,
no sé qué se festeja
pero bailás la salsa que suena en el parlante,
casi flotás como quien llega a Dios,
satisfecho pero no, no es eso, hay algo falso, tampoco
es alegría lo que suena,
fueron bombos.
Al volver a casa, ya descalzo
hartos de zarandear los pies
dicen algo, no sé bien qué,
quizás es la madera que cruje debajo de vos,
algo te hace tambalear
al final del día,
cuando suena la sirena; la de los barcos, la de la fábrica.
Inédito
domingo, 5 de febrero de 2012
Tibia e impura
LUCINA
a mi hija
Va a llamarse Lucina.
Va a tener esa luz
en el nombre y
cuando aspire el aire
(tibia e impura)
gozosamente, el aire.
domingo, 29 de enero de 2012
El límite
Yergue tu pensamiento insomne
como el lago aquel de olas cortas, salpica
nimiedad;
agua cercada por el límite:
aquí termina.
jueves, 26 de enero de 2012
Exhalás humo
Quedaste agotado después de leer ese libro. Ahora, lo mirás con desprecio sobre el escritorio, mañana lo pondrás nuevamente en el estante, antes lo abrirás, repasarás una que otra página, lo volverás a cerrar ofuscado.
Levantás las cobijas y te frotás los párpados mientras volteás desde el talón primero un zapato, de inmediato el otro, y apoyás por primera vez en la noche los pies en la madera. Hace frío, ahora lo notás, o es el cansancio. Nada mejor o peor que ese desvestirse y mirarse así, semidesnudo, libre de botones, el cinturón que apretaba la cintura, los calcetines dentro de cada zapato. Ahora el techo, las paredes, el último cigarrillo con aliento a menta y lo que quedó de la boca pastosa antes de la higiene. Recordás que dejaste la copa de ron y de un salto salís de la cama, llevás la copa a la cocina, le das un enjuague superficial; no soportás el olor ni el aliento a alcohol, apenas el de un cigarrillo que supuestamente va a relajarte o te podría llevar al sueño. Seguís pensando en el libro, se te ocurren reflexiones que nunca anotarías pero quedan, van quedando mientras aplastás la almohada e intentás que el arco de la nuca entre en esa concavidad.
Añorás el coito, un cuerpo, aunque más no sea este, ese o aquel. Y te das vuelta. Programás ahora la alarma del celular, por si acaso, para no levantarte abombado ni después de hora. No lo apagás nunca; que molesten.
Una moto chirría el asfalto allá afuera; alguien pega un grito. La ventana. Hora de ir a mirar por la ventana. El cielo está blanco otra vez, pura escenografía. Descalzo, semidesnudo, empezás a elucubrar y a mirar las cosas de un modo igual a la fascinación. La noche es más cambiante que la germinación del poroto, pensás y te reís; que engendrar un hijo.
Bajás la cabeza y exhalás.
**
Inédito, de Piezas mínimas
Levantás las cobijas y te frotás los párpados mientras volteás desde el talón primero un zapato, de inmediato el otro, y apoyás por primera vez en la noche los pies en la madera. Hace frío, ahora lo notás, o es el cansancio. Nada mejor o peor que ese desvestirse y mirarse así, semidesnudo, libre de botones, el cinturón que apretaba la cintura, los calcetines dentro de cada zapato. Ahora el techo, las paredes, el último cigarrillo con aliento a menta y lo que quedó de la boca pastosa antes de la higiene. Recordás que dejaste la copa de ron y de un salto salís de la cama, llevás la copa a la cocina, le das un enjuague superficial; no soportás el olor ni el aliento a alcohol, apenas el de un cigarrillo que supuestamente va a relajarte o te podría llevar al sueño. Seguís pensando en el libro, se te ocurren reflexiones que nunca anotarías pero quedan, van quedando mientras aplastás la almohada e intentás que el arco de la nuca entre en esa concavidad.
Añorás el coito, un cuerpo, aunque más no sea este, ese o aquel. Y te das vuelta. Programás ahora la alarma del celular, por si acaso, para no levantarte abombado ni después de hora. No lo apagás nunca; que molesten.
Una moto chirría el asfalto allá afuera; alguien pega un grito. La ventana. Hora de ir a mirar por la ventana. El cielo está blanco otra vez, pura escenografía. Descalzo, semidesnudo, empezás a elucubrar y a mirar las cosas de un modo igual a la fascinación. La noche es más cambiante que la germinación del poroto, pensás y te reís; que engendrar un hijo.
Bajás la cabeza y exhalás.
**
Inédito, de Piezas mínimas
jueves, 19 de enero de 2012
El sol que insiste
¿Habrá que apagar esa vela
sin resignación,
como sorpresa apagar
esa vela,
retirar los ojos
a descanso,
aquietar el alma?
¿Habrá que dejar
de morir de amor,
habrá que dormir? ¿Despertar
y ver
el sol de vuelta?
¿Mirar, y mirar
y mirar el sol, de
vuelta?
sin resignación,
como sorpresa apagar
esa vela,
retirar los ojos
a descanso,
aquietar el alma?
¿Habrá que dejar
de morir de amor,
habrá que dormir? ¿Despertar
y ver
el sol de vuelta?
¿Mirar, y mirar
y mirar el sol, de
vuelta?
martes, 10 de enero de 2012
El hormigueo
Sol de invierno
insiste
como un amante genuino
tiñe ramas apretadas
tallitos de paraíso
lame mi corazón
como a la hojarasca.
insiste
como un amante genuino
tiñe ramas apretadas
tallitos de paraíso
lame mi corazón
como a la hojarasca.
domingo, 1 de enero de 2012
Lo que puede la rosa
Esa rosa casi abierta tiene un pétalo
abierto en su totalidad,
con una inclinación acentuada que
me invita al baile.
Viejísimo e inédito
abierto en su totalidad,
con una inclinación acentuada que
me invita al baile.
Viejísimo e inédito
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