Ya van tres veces que refresco el porche
–mamma dice que se ha de cuartear la madera–y cuatro que me quito los zapatos,
repaso la laca
(este pincel viejo pierde las cerdas, queda una pegada al blanco, ¡brillante!)
me vuelvo a calzar.
Como por allá no viene, aliso
Cruzo los brazos, los descruzo, baja el sol.
Suspiro y entro la silla.
Inédito