La esclava del amor
¿Sabéis lo que sois? Unas bestias,
desde aquí os veo. ¿Adónde llevan estos rieles,
qué he hecho yo sino aburrirme, decir mi parte
en esa tonta película? Al llegar a Moscú
cargaba miles de flores en mis brazos.
¿Sabe lo que es usted?,
dije aquel día en que lo balearon, ah, su rubio mechón al viento,
¡un bolchevique!
Y él rió, y lo amé.
Basado en La esclava del amor (1976), de Nikita Mijalkov
Páginas
viernes, 19 de noviembre de 2010
jueves, 18 de noviembre de 2010
Hay para comer
La hormiga
Venía invierno,
y me propuse cargar
la hoja brillante o seca
para guardar haber; era esbelta,
sostuve la hebra
o el bulto incomprensible de llevar,
tenía el para qué, tracé
caminos para ir y
volver, e ir de vuelta,
verdes brillantes,
hojarasca, todo para qué,
invierno venía.
Ahora estoy aquí, guardada,
aterida, recuerdo la luz,
la carga, la alegría de llevar y
traer,
y el agobio (por qué habría de extender
sus alas la mariposa de un día –dijo en voz alta
la hormiga).
Invierno vino.
He traído hasta aquí hojas,
hay para comer,
la tierra está fría y húmeda,
puedo tocarla,
estirarme en el alivio
o tiritar.
De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial), 2008
Venía invierno,
y me propuse cargar
la hoja brillante o seca
para guardar haber; era esbelta,
sostuve la hebra
o el bulto incomprensible de llevar,
tenía el para qué, tracé
caminos para ir y
volver, e ir de vuelta,
verdes brillantes,
hojarasca, todo para qué,
invierno venía.
Ahora estoy aquí, guardada,
aterida, recuerdo la luz,
la carga, la alegría de llevar y
traer,
y el agobio (por qué habría de extender
sus alas la mariposa de un día –dijo en voz alta
la hormiga).
Invierno vino.
He traído hasta aquí hojas,
hay para comer,
la tierra está fría y húmeda,
puedo tocarla,
estirarme en el alivio
o tiritar.
De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial), 2008
sábado, 13 de noviembre de 2010
Ahora dice que ve
i
Caminaba siempre de su mano.
Lo abandoné.
El lazarillo tenía –siempre–
otro punto de vista.
**
ii
La calma en un ojo,
la ira en el otro ojo. Extraña
observación
de un hecho.
**
iii
Ama la nitidez
con que ve texturas.
La contradicción es seria:
¿por qué no toca?
**
iiii
Edipo hundió los ojos
de su madre. Desde ese día
los dos caminan por el mundo
abandonados.
**
iiiii
El contraste: la pasión
de Heráclito.
**
iiiiii
Absoluto: una mirada
incompleta.
**
iiiiiii
Nauseabundo el mirar
sólo carroña.
**
iiiiiiii
Quién dijo que la ceguera
aquieta. Que ver las cosas
calma.
**
iiiiiiiii
El dolor ve.
La alegría ve.
Ninguno
oculta.
**
El ciego descubre
que le han mentido. La luz
no estaba aquí,
el color no era éste.
Lo supo por desilusión
y olfato. Ahora
dice que ve. Y tampoco es cierto.
*
De En el brillo de uno en el vidrio de uno (Ed. La Bohemia), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.
Caminaba siempre de su mano.
Lo abandoné.
El lazarillo tenía –siempre–
otro punto de vista.
**
ii
La calma en un ojo,
la ira en el otro ojo. Extraña
observación
de un hecho.
**
iii
Ama la nitidez
con que ve texturas.
La contradicción es seria:
¿por qué no toca?
**
iiii
Edipo hundió los ojos
de su madre. Desde ese día
los dos caminan por el mundo
abandonados.
**
iiiii
El contraste: la pasión
de Heráclito.
**
iiiiii
Absoluto: una mirada
incompleta.
**
iiiiiii
Nauseabundo el mirar
sólo carroña.
**
iiiiiiii
Quién dijo que la ceguera
aquieta. Que ver las cosas
calma.
**
iiiiiiiii
El dolor ve.
La alegría ve.
Ninguno
oculta.
**
El ciego descubre
que le han mentido. La luz
no estaba aquí,
el color no era éste.
Lo supo por desilusión
y olfato. Ahora
dice que ve. Y tampoco es cierto.
*
De En el brillo de uno en el vidrio de uno (Ed. La Bohemia), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Tampoco eso
Qué daría por que me tomes de la mano
¿Cuando me vi los ojos por primera vez sin brillo,
apenada porque era un fin,
como un ramalazo en el aire, un aire, el verano? No, no eso.
¿El día del claro en el bosque, la premonición, ese no ir a un bosque?
Tampoco, no.
¿El cuello de mi vagina como un puente, cuando sale, expulsa de amor
el hijo que grita, y llora, respira?
La vez que me perdí en un orgasmo estrepitoso, hacia la nada,
por fin esa nada.
Cuando llevé las cenizas aún tibias
y abrí la cajita, dejé que flotaran sobre un río sucio una mañana sucia,
ni siquiera hubo un viento que las acariciara así volando cayendo sobre el agua, eso que amaba.
Tampoco, no podría.
¿El mediodía en que dormí sobre la duna?
Tampoco eso.
**
Inédito
¿Cuando me vi los ojos por primera vez sin brillo,
apenada porque era un fin,
como un ramalazo en el aire, un aire, el verano? No, no eso.
¿El día del claro en el bosque, la premonición, ese no ir a un bosque?
Tampoco, no.
¿El cuello de mi vagina como un puente, cuando sale, expulsa de amor
el hijo que grita, y llora, respira?
La vez que me perdí en un orgasmo estrepitoso, hacia la nada,
por fin esa nada.
Cuando llevé las cenizas aún tibias
y abrí la cajita, dejé que flotaran sobre un río sucio una mañana sucia,
ni siquiera hubo un viento que las acariciara así volando cayendo sobre el agua, eso que amaba.
Tampoco, no podría.
¿El mediodía en que dormí sobre la duna?
Tampoco eso.
**
Inédito
lunes, 8 de noviembre de 2010
Por favor no sufran más
MUTATIS MUTANDIS
Por favor no sufran más
me cansa,
dejen de respirar así,
como si no hubiera aire
dejen el lodo, el impermeable,
y el vocabulario,
me cansa,
la mujer
deje de tener pérdida ese chorro sufriente,
los padres dejen el oficio de morir,
el daiquiri o el arpón
en el anca, y aquel perfume matinal,
la Malasia,
y el Cristo
solo como un perro,
y al amor como
un fuego fatuo, y a la muerte,
déjenla en paz,
me cansa,
(¿algo ha muerto en mí?:
tanto mejor).
Así que,
valerosos,
amantes,
antiguos,
huérfanos maternales que acurrucaron
al mundo
después
de la guerra,
dejen el rictus,
oigan
y despídanse,
por una vez
sin grandeza.
De El mundo incompleto (Libros de Tierra Firme, 1987), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.
Por favor no sufran más
me cansa,
dejen de respirar así,
como si no hubiera aire
dejen el lodo, el impermeable,
y el vocabulario,
me cansa,
la mujer
deje de tener pérdida ese chorro sufriente,
los padres dejen el oficio de morir,
el daiquiri o el arpón
en el anca, y aquel perfume matinal,
la Malasia,
y el Cristo
solo como un perro,
y al amor como
un fuego fatuo, y a la muerte,
déjenla en paz,
me cansa,
(¿algo ha muerto en mí?:
tanto mejor).
Así que,
valerosos,
amantes,
antiguos,
huérfanos maternales que acurrucaron
al mundo
después
de la guerra,
dejen el rictus,
oigan
y despídanse,
por una vez
sin grandeza.
De El mundo incompleto (Libros de Tierra Firme, 1987), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.
jueves, 4 de noviembre de 2010
Dicha mía, ríete
Atrévete a reír
dicha mía, ahora que la ironía
canta otra vez: nunca es
mañana digo basta; hoy es
este repetir el son,
el tin de la campana:
he cometido un grave error
(dicha mía, ríete): he amado
sin dejar al otro decir
algo sensato,
he amado sin el otro, sin
permiso, por favor, aquí todos
se mueren de amor,
ríete dicha mía. Has cantado
cuando el cisne hundía su cabeza
en el lago y volvía a levantarla,
soberbia, empapada de un agua que no es
más que efímero espejo;
déjala correr así tu vida sigue,
déjate reír así,
olvida el ruido del agua.
Para Eduardo Mileo
**
De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.
dicha mía, ahora que la ironía
canta otra vez: nunca es
mañana digo basta; hoy es
este repetir el son,
el tin de la campana:
he cometido un grave error
(dicha mía, ríete): he amado
sin dejar al otro decir
algo sensato,
he amado sin el otro, sin
permiso, por favor, aquí todos
se mueren de amor,
ríete dicha mía. Has cantado
cuando el cisne hundía su cabeza
en el lago y volvía a levantarla,
soberbia, empapada de un agua que no es
más que efímero espejo;
déjala correr así tu vida sigue,
déjate reír así,
olvida el ruido del agua.
Para Eduardo Mileo
**
De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.
sábado, 30 de octubre de 2010
Filosofía sin luz, sin viento
Mi bien, ahora distiéndete y recibe
el olor y el sabor de la comida
que te preparan. Cálido humo
a consumirse, como todo, filosofía
sin luz, sin viento: hay prosperidad
en lo que se cocina a tu nombre
y es sólo un poco,
y es nada menos:
alguien te da
de comer. Bebe su cáliz
porque él se sacrifica: cobarde teme
que lo hecho no te plazca o
iluso, que el humo no dure,
sin embargo cocina
con meticulosidad lo que al fin
place y se acaba,
sin que él se dé cuenta, porque
la única que cuenta, como números,
eres tú: mezquina que recibes
la cena y el cáliz aquel, un vino
generoso.
***
SIN FE
Esta es una confesión muy personal:
He perdido casi absolutamente
la curiosidad por el mundo.
Si no escribo
la primera frase, la segunda
se pudre por exceso
de efecto.
Sé cómo el mundo se va moviendo,
los brazos de las personas
al costado del cuerpo, impotentes, impacientes,
desesperados, laxos, levantados, sabios,
ignorantes como yo.
Según se hagan las cosas, se sabe
más o menos
cómo quedará terminado;
o no: la incertidumbre
es natural, cosa sabida.
Los chicos sorprenden;
conmueve, pero
es terrible: no es ninguna novedad
en este mundo.
Las cosas, los hechos
son –qué importa que ese árbol sea un gomero o
una encina–, y aun así casi todo remite
a la memoria personal: si es un gomero,
recuerdo el jardín; si una encina,
aquella canción; si un árbol desconocido,
hoy inauguro la memoria, el mito, o
lo descarto.
Algo aparentemente curioso: un corrector de estilo
afirma que la palabra implementar no existe.
Significa instrumentar, poner en práctica,
pero en sí esa palabra no existe.
¿Elegí quedarme con el nombre
y no con la cosa?
Quién, por miserable cultura e historia,
estará pensando que en este momento
la ropa revolotea desde ayer
en la terraza, enredada
sobre sí misma, debería sacarla... Terrible,
salvar la ropa del viento
que bate en la terraza, aquí mismo, la borrasca
en el nombre, la rosa (si digo la ropa
es fácil, un recurso que podría
seducir y no me conmueve
en absoluto).
He perdido la curiosidad:
ha nacido un hijo deseado
(tiene nombre antes de nacer)
por obra de amor: conozco
la alegría, conozco la ansiedad
satisfecha,
escribo que el mundo
es incompleto, que no basta,
aunque aquí
esté todo lo que hay,
el contraste en la luz,
lo concreto, lo relativo y lo absurdo,
lo nuevo, lo acabado,
y lo cubierto,
la curiosidad.
Algo debió pasarme
para que la haya perdido de esta forma.
No es suficiente una enumeración sostenida.
Crear no basta
–qué importa si se trata de un gomero
o de una araucaria, ropa en el viento, presiones
o alivios del cuerpo–. La Historia,
la intimidad, la implementación...
Es demasiado.
De Solo de contralto (Ed. Galerna), recopilados en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008
el olor y el sabor de la comida
que te preparan. Cálido humo
a consumirse, como todo, filosofía
sin luz, sin viento: hay prosperidad
en lo que se cocina a tu nombre
y es sólo un poco,
y es nada menos:
alguien te da
de comer. Bebe su cáliz
porque él se sacrifica: cobarde teme
que lo hecho no te plazca o
iluso, que el humo no dure,
sin embargo cocina
con meticulosidad lo que al fin
place y se acaba,
sin que él se dé cuenta, porque
la única que cuenta, como números,
eres tú: mezquina que recibes
la cena y el cáliz aquel, un vino
generoso.
***
SIN FE
Esta es una confesión muy personal:
He perdido casi absolutamente
la curiosidad por el mundo.
Si no escribo
la primera frase, la segunda
se pudre por exceso
de efecto.
Sé cómo el mundo se va moviendo,
los brazos de las personas
al costado del cuerpo, impotentes, impacientes,
desesperados, laxos, levantados, sabios,
ignorantes como yo.
Según se hagan las cosas, se sabe
más o menos
cómo quedará terminado;
o no: la incertidumbre
es natural, cosa sabida.
Los chicos sorprenden;
conmueve, pero
es terrible: no es ninguna novedad
en este mundo.
Las cosas, los hechos
son –qué importa que ese árbol sea un gomero o
una encina–, y aun así casi todo remite
a la memoria personal: si es un gomero,
recuerdo el jardín; si una encina,
aquella canción; si un árbol desconocido,
hoy inauguro la memoria, el mito, o
lo descarto.
Algo aparentemente curioso: un corrector de estilo
afirma que la palabra implementar no existe.
Significa instrumentar, poner en práctica,
pero en sí esa palabra no existe.
¿Elegí quedarme con el nombre
y no con la cosa?
Quién, por miserable cultura e historia,
estará pensando que en este momento
la ropa revolotea desde ayer
en la terraza, enredada
sobre sí misma, debería sacarla... Terrible,
salvar la ropa del viento
que bate en la terraza, aquí mismo, la borrasca
en el nombre, la rosa (si digo la ropa
es fácil, un recurso que podría
seducir y no me conmueve
en absoluto).
He perdido la curiosidad:
ha nacido un hijo deseado
(tiene nombre antes de nacer)
por obra de amor: conozco
la alegría, conozco la ansiedad
satisfecha,
escribo que el mundo
es incompleto, que no basta,
aunque aquí
esté todo lo que hay,
el contraste en la luz,
lo concreto, lo relativo y lo absurdo,
lo nuevo, lo acabado,
y lo cubierto,
la curiosidad.
Algo debió pasarme
para que la haya perdido de esta forma.
No es suficiente una enumeración sostenida.
Crear no basta
–qué importa si se trata de un gomero
o de una araucaria, ropa en el viento, presiones
o alivios del cuerpo–. La Historia,
la intimidad, la implementación...
Es demasiado.
De Solo de contralto (Ed. Galerna), recopilados en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008
martes, 26 de octubre de 2010
Tiniebla y luz
Miopía
No ve
lo pequeñas que son las cosas.
Delirio de grandeza
en la mirada.
***
Astigmatismo
Fuera de foco.
No es neblina.
Tiniebla no es.
Arbol superpuesto al bosque,
memoria borroneada, superpuesta
sobre sí misma.
Espejismo: lo que se ve
es ambiguo, tiniebla y
luz: pareciera que
Dios no ha separado nada.
El último verso es cita de otro perteneciente
a Jorge Aulicino.
***
Resplandor
Un punto blanco de luz
baja intermitente
a un costado del ojo, y desaparece.
Candileja que asombra y
no consuela.
***
Presión ocular
¿Qué pide el ojo?
Muestra de qué,
el estallido.
Si el músculo duerme, la ambición
descansa, ¿calmará la noche
la ira,
el síntoma?
***
Glaucoma
Hay algo que no deja ver
lo que quiso verse
y lo que no se quiso.
Cierta cobardía hay
en ese progresivo
dejar de ver,
o cierto cansancio
de la vista.
**
De En el brillo de uno en el vidrio de uno (Ed. La Bohemia, 2000), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.
No ve
lo pequeñas que son las cosas.
Delirio de grandeza
en la mirada.
***
Astigmatismo
Fuera de foco.
No es neblina.
Tiniebla no es.
Arbol superpuesto al bosque,
memoria borroneada, superpuesta
sobre sí misma.
Espejismo: lo que se ve
es ambiguo, tiniebla y
luz: pareciera que
Dios no ha separado nada.
El último verso es cita de otro perteneciente
a Jorge Aulicino.
***
Resplandor
Un punto blanco de luz
baja intermitente
a un costado del ojo, y desaparece.
Candileja que asombra y
no consuela.
***
Presión ocular
¿Qué pide el ojo?
Muestra de qué,
el estallido.
Si el músculo duerme, la ambición
descansa, ¿calmará la noche
la ira,
el síntoma?
***
Glaucoma
Hay algo que no deja ver
lo que quiso verse
y lo que no se quiso.
Cierta cobardía hay
en ese progresivo
dejar de ver,
o cierto cansancio
de la vista.
**
De En el brillo de uno en el vidrio de uno (Ed. La Bohemia, 2000), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.
domingo, 24 de octubre de 2010
“Guarda con la nena, gilún”
Una letra familiar
(Fragmento)
7
Fue la vez que lo vi en calzoncillos. La impresión que me dio verlo así y llorando con una congoja, todo, la primera vez que lo vi así.
–Cerrá la puerta, cerrala, por favor –le dijo a mi madre y corrió a sentarse en la cama de espaldas haciendo como que miraba la ventana. Y mi madre me miró entonces con una cara medio de perro y cerró con llave.
Pero seguía llorando tan fuerte. Antes de que mi madre cerrara la puerta lo vi agachado agarrándose la pelada, y aplaudía y lloraba. Eso es la desazón, digo ahora. Después me contaron que fue cuando se murió la abuela Sara, y yo era chica, no sabía.
Mi padre era feo en calzoncillos. Me di media vuelta y me fui al jardín. Eran como las ocho, casi de noche, pero me fui igual, así los mosquitos me comieran cruda, no pensaba entrar a la casa hasta que no oyera que dejó de llorar. Blanca era la camiseta y el calzoncillo a rayitas grises, feísimo y largo, no era como su traje de baño azul, era otra cosa.
***
15
Mi tío Mario me llevó ayer a la cancha, a la popu, como él dice. Había que subir por unas gradas altísimas y cuando llegamos casi arriba de todo, él me dijo sentate y había que sentarse ahí, en esa especie de tablones de cemento. “Esto es Boca, mirá bien, mirá todo.” Se saludaba con medio mundo y se reía con una alegría que no le vi nunca. Yo estaba como atontada por el barullo tremendo que hacía la gente pero más que nada estaba esperando al panchero porque Mario me había prometido pancho y Bidú. “Una fiesta nos vamos a dar, vas a ver.” Y el hombre vino y todo, y mi tío me compró pero recién en el entretiempo. Así que el primer tiempo lo vi más o menos esperando. Cuando entraron los de Boca a la cancha se paró el mundo entero y yo creí que me caía porque parecía que el piso temblaba a lo bestia, y los de arriba se agarraban de los que estábamos más abajo. “Guarda con la nena, gilún”, gritó Mario a no sé quién y me sostenía muerto de risa. Yo me senté pero él se quedó parado todo el tiempo y saltaba. Para olvidarme del miedo levanté la cabeza y ahí vi la cancha por primera vez. Enorme, con los jugadores como mosquitos ahí abajo, corrían y se caían y seguían jugando como si los golpes que se daban no les hicieran un pito. Ni un gol en el primer tiempo. Mario se tomó una cerveza entera y estaba con bronca. Hablaba con todos y se ve que era amigo del panchero porque no le cobró nada; cuando me dio la Bidú me acarició la cabeza y Mario sacó del bolsillo de la campera un Nuestra Palabra* dobladito en cuatro, le levantó la gorra y se lo puso ahí; el panchero se acomodó la gorra de vuelta y me guiñó un ojo: “Boca está que pela; gracias, cumpa”, le dijo y subió hasta arriba de todo.
Uno que se agarraba de los hombros de Mario gritó de golpe: “Golazo, viva Perón, carajo”. Yo me di vuelta y vi justo la cerveza que le escupió Mario empapándole la camisa y la cara. “Rajá, gorila, comunista de mierda”, le dijo el tipo sacudiéndose la camisa.
“Quedate tranquilo que cuando venga la revolución todos vamo’ a ser bosteros; ¡andá a que te la lave Evita!” –le gritó Mario y me agarró de la mano y bajamos como cuatro escalones–. Viste qué fiesta, Boca campeón, Booo, gritaba. Me dio risa y después no me costó nada llegar hasta abajo.
A la salida cantamos juntos “Merceditas” como 10 cuadras seguidas sin parar, chochos porque Boca ganó. Cuando cantamos juntos es lo mejor de todo.
*Periódico del Partido Comunista argentino.
**
De Una letra familiar, bajo la luna editorial.
(Fragmento)
7
Fue la vez que lo vi en calzoncillos. La impresión que me dio verlo así y llorando con una congoja, todo, la primera vez que lo vi así.
–Cerrá la puerta, cerrala, por favor –le dijo a mi madre y corrió a sentarse en la cama de espaldas haciendo como que miraba la ventana. Y mi madre me miró entonces con una cara medio de perro y cerró con llave.
Pero seguía llorando tan fuerte. Antes de que mi madre cerrara la puerta lo vi agachado agarrándose la pelada, y aplaudía y lloraba. Eso es la desazón, digo ahora. Después me contaron que fue cuando se murió la abuela Sara, y yo era chica, no sabía.
Mi padre era feo en calzoncillos. Me di media vuelta y me fui al jardín. Eran como las ocho, casi de noche, pero me fui igual, así los mosquitos me comieran cruda, no pensaba entrar a la casa hasta que no oyera que dejó de llorar. Blanca era la camiseta y el calzoncillo a rayitas grises, feísimo y largo, no era como su traje de baño azul, era otra cosa.
***
15
Mi tío Mario me llevó ayer a la cancha, a la popu, como él dice. Había que subir por unas gradas altísimas y cuando llegamos casi arriba de todo, él me dijo sentate y había que sentarse ahí, en esa especie de tablones de cemento. “Esto es Boca, mirá bien, mirá todo.” Se saludaba con medio mundo y se reía con una alegría que no le vi nunca. Yo estaba como atontada por el barullo tremendo que hacía la gente pero más que nada estaba esperando al panchero porque Mario me había prometido pancho y Bidú. “Una fiesta nos vamos a dar, vas a ver.” Y el hombre vino y todo, y mi tío me compró pero recién en el entretiempo. Así que el primer tiempo lo vi más o menos esperando. Cuando entraron los de Boca a la cancha se paró el mundo entero y yo creí que me caía porque parecía que el piso temblaba a lo bestia, y los de arriba se agarraban de los que estábamos más abajo. “Guarda con la nena, gilún”, gritó Mario a no sé quién y me sostenía muerto de risa. Yo me senté pero él se quedó parado todo el tiempo y saltaba. Para olvidarme del miedo levanté la cabeza y ahí vi la cancha por primera vez. Enorme, con los jugadores como mosquitos ahí abajo, corrían y se caían y seguían jugando como si los golpes que se daban no les hicieran un pito. Ni un gol en el primer tiempo. Mario se tomó una cerveza entera y estaba con bronca. Hablaba con todos y se ve que era amigo del panchero porque no le cobró nada; cuando me dio la Bidú me acarició la cabeza y Mario sacó del bolsillo de la campera un Nuestra Palabra* dobladito en cuatro, le levantó la gorra y se lo puso ahí; el panchero se acomodó la gorra de vuelta y me guiñó un ojo: “Boca está que pela; gracias, cumpa”, le dijo y subió hasta arriba de todo.
Uno que se agarraba de los hombros de Mario gritó de golpe: “Golazo, viva Perón, carajo”. Yo me di vuelta y vi justo la cerveza que le escupió Mario empapándole la camisa y la cara. “Rajá, gorila, comunista de mierda”, le dijo el tipo sacudiéndose la camisa.
“Quedate tranquilo que cuando venga la revolución todos vamo’ a ser bosteros; ¡andá a que te la lave Evita!” –le gritó Mario y me agarró de la mano y bajamos como cuatro escalones–. Viste qué fiesta, Boca campeón, Booo, gritaba. Me dio risa y después no me costó nada llegar hasta abajo.
A la salida cantamos juntos “Merceditas” como 10 cuadras seguidas sin parar, chochos porque Boca ganó. Cuando cantamos juntos es lo mejor de todo.
*Periódico del Partido Comunista argentino.
**
De Una letra familiar, bajo la luna editorial.
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