PELÍCULA
Campos donde el pasto
o el trigo se mueven
al mismo tiempo que la música
el mismo sonido –grabado fielmente– del
viento que los mueve, yo querría
ver y oír el mundo así,
es de noche, ha empezado a llover –posiblemente en mitad
de la película–, todavía sigue cayendo una llovizna
insulsa, la gente se mueve por la peatonal,
al mismo ritmo
decirme: "Por suerte y otra vez, el cine
no me ha decepcionado,
¡ese actor, esa actriz! Valió la pena".
***
SOBRE UN RETRATO DE M.R.
TOMADO POR VALENTINA REBASA
De tanto traducir, se la ve elegante
sentada en la punta de la silla,
el túnel carpiano hundido
de sus muñecas apenas sostiene un libro: I am
all right, atenta
la mirada.
Tiene un gesto que es el reír
de lado cuando dice You know, you know,
y para no mostrar la torcedura del yo
tuerce su boca, y a escuchar
se inclina.
Páginas
jueves, 16 de septiembre de 2010
martes, 14 de septiembre de 2010
Entonces me cubrí los pechos
ENCUENTRO IMAGINARIO CON ALBERTO MUÑOZ
I
Estoy pasando el mejor momento de mi vida,
dijo, y miré su cuerpo alto
como un contrabajo. ¿De veras?, pregunté
a los ojos suyos como cuerdas, me quiere
engatusar, me dije, a mí, con esos ojos.
Sentado estaba frente a mí en un silloncito de pana verde,
lustrosa, ajada no,
rodeado de marfiles y de bustos
de Perón, de Beethoven
y el de Wagner también.
Ahora va a contar el número, la cifra, su teorema
de hematomas. Y así fue:
1) Hay caballos; 2) Hay camiones; 3) Mi tío
tocaba la trompeta.
Es música de cámara –rugió el contrabajo–,
¡y en off, pura poesía de Aretino, como lo escuchás!
Pornográfica, en efecto –dijo.
Entonces me cubrí los pechos: primero, el más caído;
y después el otro. Siempre que nos vemos es así.
I
Estoy pasando el mejor momento de mi vida,
dijo, y miré su cuerpo alto
como un contrabajo. ¿De veras?, pregunté
a los ojos suyos como cuerdas, me quiere
engatusar, me dije, a mí, con esos ojos.
Sentado estaba frente a mí en un silloncito de pana verde,
lustrosa, ajada no,
rodeado de marfiles y de bustos
de Perón, de Beethoven
y el de Wagner también.
Ahora va a contar el número, la cifra, su teorema
de hematomas. Y así fue:
1) Hay caballos; 2) Hay camiones; 3) Mi tío
tocaba la trompeta.
Es música de cámara –rugió el contrabajo–,
¡y en off, pura poesía de Aretino, como lo escuchás!
Pornográfica, en efecto –dijo.
Entonces me cubrí los pechos: primero, el más caído;
y después el otro. Siempre que nos vemos es así.
lunes, 13 de septiembre de 2010
Oh pedazo de mí, oh mitad apartada de mí
Y si no es una piedra preciosa
sino simple arenilla
guardada a un costado
del tintero. Y si no es arenilla
ni zafiro eso que sale de mí, con pinzas,
como quien quita una piedra, airecito,
puro airecito guardado
para no respirar,
sangre y arena
en mi centro exacto,
late, molesta,
astilla de qué,
más tangible que lo que no se olvida
o se tiene.
Y si es dicha lo que he guardado,
el aire que no pudo salir
duele
en el sitio
del esternón, si es dicha pura
encerrada
oh pedazo de mí, oh mitad apartada de mí,
si es eso lo que se quita, por fin
para que ría,
qué alivio tendrá la dicha afuera,
qué fácil oler los tilos,
descostillarse, dejar
secar la tinta.
**
Lo citado en cursiva pertenece a Chico Buarque de Holanda.
De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.
sino simple arenilla
guardada a un costado
del tintero. Y si no es arenilla
ni zafiro eso que sale de mí, con pinzas,
como quien quita una piedra, airecito,
puro airecito guardado
para no respirar,
sangre y arena
en mi centro exacto,
late, molesta,
astilla de qué,
más tangible que lo que no se olvida
o se tiene.
Y si es dicha lo que he guardado,
el aire que no pudo salir
duele
en el sitio
del esternón, si es dicha pura
encerrada
oh pedazo de mí, oh mitad apartada de mí,
si es eso lo que se quita, por fin
para que ría,
qué alivio tendrá la dicha afuera,
qué fácil oler los tilos,
descostillarse, dejar
secar la tinta.
**
Lo citado en cursiva pertenece a Chico Buarque de Holanda.
De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Elige el mar, no el barco
SIRENA
Ahora que todavía puedes, canta
tu delirio;
después, sirena encantada por marinos
atados a un poste,
después, sirena de voz dulce y
corazón tenebroso, incapaz
de sostener
no la nota sino la cordura
–elige el mar, no el barco–, después, elegir será
más tarde que inútil: tu canto, sirena,
te desviará a ti misma,
te perderás ahí en cubierta,
en la orilla o allá, en tu casa.
Aprovecha la garganta, ahora
que no tienes pies
en la tierra, marea y
ensordece el oído del humano
hasta que se canse,
hasta que te canses, y el
estruendo
sea como el de un barco que encalla
en el ojo de la tormenta, no en el sonido
cabal de la tormenta. O canta
esa suave y triste canción
que te sabes
de memoria, hasta que el agua misma
se confunda,
o aquella que habla de
cosas alegres,
cosas que duran, cosas
reales, imaginarias, y
tu voz suene tan real o imaginaria
que consterne. Hazlo ahora, sirena,
ahora que la prudencia,
como la noche, llama a víspera,
ahora que la luna, cantante muda,
no te ve ni te altera,
ahora, canta,
sin añorar la muerte y la vida.
**
De Solo de contralto (Edit. Galerna, 1997), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.
Ahora que todavía puedes, canta
tu delirio;
después, sirena encantada por marinos
atados a un poste,
después, sirena de voz dulce y
corazón tenebroso, incapaz
de sostener
no la nota sino la cordura
–elige el mar, no el barco–, después, elegir será
más tarde que inútil: tu canto, sirena,
te desviará a ti misma,
te perderás ahí en cubierta,
en la orilla o allá, en tu casa.
Aprovecha la garganta, ahora
que no tienes pies
en la tierra, marea y
ensordece el oído del humano
hasta que se canse,
hasta que te canses, y el
estruendo
sea como el de un barco que encalla
en el ojo de la tormenta, no en el sonido
cabal de la tormenta. O canta
esa suave y triste canción
que te sabes
de memoria, hasta que el agua misma
se confunda,
o aquella que habla de
cosas alegres,
cosas que duran, cosas
reales, imaginarias, y
tu voz suene tan real o imaginaria
que consterne. Hazlo ahora, sirena,
ahora que la prudencia,
como la noche, llama a víspera,
ahora que la luna, cantante muda,
no te ve ni te altera,
ahora, canta,
sin añorar la muerte y la vida.
**
De Solo de contralto (Edit. Galerna, 1997), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.
martes, 7 de septiembre de 2010
Agua que creías era cristalina
Óptica I
No creer en lo visto
Niní Bernardello
Dios mío que no existes, he creído
tanto en lo que he visto,
maravilla o
miseria,
he creído, de veras he creído
demasiado y
he visto demasiado y aún
no vi.
***
Óptica II
Creer para ver, dijo el ciego
mientras imaginaba
la forma de
una catedral. Para ello
dibujó la Pequeña Fuga
con un punzón,
y el estruendo del órgano
invadió el recinto
ampuloso, de arquitectura vana, detalles
que el ciego comprueba
a medida que la burla
se va haciendo nítida
y que la catedral
(como la luz) se hizo.
El vidente, a su lado, incrédulo
cierra los ojos, oye la música
maravillado.
en tributo a Raymond Carver
***
Óptica III
Ver para creer, dijo el ciego, lúcido
o cínico. La conclusión
–o la burla–
era irremediable.
***
Óptica IV
Creer o reventar, dijo
el sapo, la rana
que croaba reventado,
reventada de tanto haberle pisado encima.
Cuál era el charco
donde cobijarse, dijo el sapo, la
rana que saltaba, croaba
en la noche, esta noche que
no se acaba nunca.
Animales brutos
los que andan por ahí,
sin fijarse donde pisan, van a quedar
ciegos como ateos
van a quedar, ácido líquido
para el que pise o reviente a
este pobre sapo, pobre rana entre
charcos iluminados
por luciérnagas, cantados
por grillos, bichos de buena
ventura, cosa
de creer.
***
Óptica V
Eso que ves ahí asomada
es un pozo ciego
que no te ve. Agua que creías
era cristalina
y ahora doblada sobre el
codo, la cintura hasta caerte casi
en el pozo ciego
gritás que vengan que vuelvan
pedís un poco de agua que creías
agua para beberte pedís un poco
doblada sobre el pozo ciego, casi te caés
buscás el fondo del aljibe y no es ni está
aullás incrédula
de lo que ves doblada
hacia el fondo
de lo que huele
a cloaca
casi te caés te cuesta
creerlo.
**
De En el brillo de uno en el vidrio de uno (Ed. La Bohemia), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.
No creer en lo visto
Niní Bernardello
Dios mío que no existes, he creído
tanto en lo que he visto,
maravilla o
miseria,
he creído, de veras he creído
demasiado y
he visto demasiado y aún
no vi.
***
Óptica II
Creer para ver, dijo el ciego
mientras imaginaba
la forma de
una catedral. Para ello
dibujó la Pequeña Fuga
con un punzón,
y el estruendo del órgano
invadió el recinto
ampuloso, de arquitectura vana, detalles
que el ciego comprueba
a medida que la burla
se va haciendo nítida
y que la catedral
(como la luz) se hizo.
El vidente, a su lado, incrédulo
cierra los ojos, oye la música
maravillado.
en tributo a Raymond Carver
***
Óptica III
Ver para creer, dijo el ciego, lúcido
o cínico. La conclusión
–o la burla–
era irremediable.
***
Óptica IV
Creer o reventar, dijo
el sapo, la rana
que croaba reventado,
reventada de tanto haberle pisado encima.
Cuál era el charco
donde cobijarse, dijo el sapo, la
rana que saltaba, croaba
en la noche, esta noche que
no se acaba nunca.
Animales brutos
los que andan por ahí,
sin fijarse donde pisan, van a quedar
ciegos como ateos
van a quedar, ácido líquido
para el que pise o reviente a
este pobre sapo, pobre rana entre
charcos iluminados
por luciérnagas, cantados
por grillos, bichos de buena
ventura, cosa
de creer.
***
Óptica V
Eso que ves ahí asomada
es un pozo ciego
que no te ve. Agua que creías
era cristalina
y ahora doblada sobre el
codo, la cintura hasta caerte casi
en el pozo ciego
gritás que vengan que vuelvan
pedís un poco de agua que creías
agua para beberte pedís un poco
doblada sobre el pozo ciego, casi te caés
buscás el fondo del aljibe y no es ni está
aullás incrédula
de lo que ves doblada
hacia el fondo
de lo que huele
a cloaca
casi te caés te cuesta
creerlo.
**
De En el brillo de uno en el vidrio de uno (Ed. La Bohemia), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.
lunes, 6 de septiembre de 2010
Ahora que la ironía canta otra vez
“MUJER DE CIERTO ORDEN”
Juana Bignozzi
Me veo terrible
y horrible.
Me veo graciosa,
agraciada, agradecida.
Claramente oscura
de verdad me veo
calamitosa.
Sola
multitudinaria
querible;
sin saber hablar,
sin que nadie
hable me veo mía y
mundana
cotidiana, tenebrosa,
y sin pena, ni / gloria
actual
temible, che, temible.
***
ORACION DE LA POBRE
Pobre de la intranquila
de la consecuente
de la que no satisface su
pedido, ah pobre de la
inquieta
de la cumbre borrascosa,
de la azucena
marchita en el vaso,
pobre de la que espera
de ida y de vuelta
pobre su oración
de pobre.
Pobre la que se rebela
ay de esa oración
de la rebelión
de la Pobre.
La fantasmagoría de
pobre la mujer,
pobre la soledad,
la poca virtud
la poca acción
del llanto.
Pobre la que no puede
hacer novela
ni film
ni realidad
con la pobreza.
Pobre la que se rebela, y
guay con la rebelión,
pobre inquieta.
***
LARGA DISTANCIA
Perras
la mujer es como una dulce perra
a la espera siempre
busca y espera confiada
el portazo, el amor, el
pantano o
una maravilla.
Perra mira con sus ojos dulces
la venganza, la prepara
despacio, elabora
su inocencia cruel
qué pretende
la mujer.
**
De El mundo incompleto (Libros de Tierra Firme, 1986), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008
Juana Bignozzi
Me veo terrible
y horrible.
Me veo graciosa,
agraciada, agradecida.
Claramente oscura
de verdad me veo
calamitosa.
Sola
multitudinaria
querible;
sin saber hablar,
sin que nadie
hable me veo mía y
mundana
cotidiana, tenebrosa,
y sin pena, ni / gloria
actual
temible, che, temible.
***
ORACION DE LA POBRE
Pobre de la intranquila
de la consecuente
de la que no satisface su
pedido, ah pobre de la
inquieta
de la cumbre borrascosa,
de la azucena
marchita en el vaso,
pobre de la que espera
de ida y de vuelta
pobre su oración
de pobre.
Pobre la que se rebela
ay de esa oración
de la rebelión
de la Pobre.
La fantasmagoría de
pobre la mujer,
pobre la soledad,
la poca virtud
la poca acción
del llanto.
Pobre la que no puede
hacer novela
ni film
ni realidad
con la pobreza.
Pobre la que se rebela, y
guay con la rebelión,
pobre inquieta.
***
LARGA DISTANCIA
Perras
la mujer es como una dulce perra
a la espera siempre
busca y espera confiada
el portazo, el amor, el
pantano o
una maravilla.
Perra mira con sus ojos dulces
la venganza, la prepara
despacio, elabora
su inocencia cruel
qué pretende
la mujer.
**
De El mundo incompleto (Libros de Tierra Firme, 1986), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008
domingo, 5 de septiembre de 2010
¿Y si no son margaritas?
EL MUNDO INCOMPLETO
a mi hijo
El reverso del mundo plagado de
margaritas
ondulantes, iluminadas.
El mundo, tal como es,
difícilmente pueda completar
la llegada a las
ondulantes margaritas.
¿Quién necesita esas flores
quién se queda en describirlas
tal como están, allá lejos,
quién sabe cómo son esas flores?
¿Y si no son margaritas?
¿Si no se llega
si no se completa el mundo?
***
De El mundo incompleto (Libros de Tierra Firme, 1986), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008
a mi hijo
El reverso del mundo plagado de
margaritas
ondulantes, iluminadas.
El mundo, tal como es,
difícilmente pueda completar
la llegada a las
ondulantes margaritas.
¿Quién necesita esas flores
quién se queda en describirlas
tal como están, allá lejos,
quién sabe cómo son esas flores?
¿Y si no son margaritas?
¿Si no se llega
si no se completa el mundo?
***
De El mundo incompleto (Libros de Tierra Firme, 1986), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008
sábado, 4 de septiembre de 2010
Como un adolescente tuve fe
FIN DE ESTACION
Como una ciega me puse a oler los maremotos
como una ciega que tiene sed
quiere agua, quiere ver el agua. Como
un gigante aplastado
toqué el pasto
tanteé el suelo, como
una infeliz
deseché mi casa como una infeliz,
como un sabio desgajé una fruta y
como un adolescente tuve fe,
como un muerto tenía un único elemento.
**
El último verso pertenece a Paul Éluard.
Como una ciega me puse a oler los maremotos
como una ciega que tiene sed
quiere agua, quiere ver el agua. Como
un gigante aplastado
toqué el pasto
tanteé el suelo, como
una infeliz
deseché mi casa como una infeliz,
como un sabio desgajé una fruta y
como un adolescente tuve fe,
como un muerto tenía un único elemento.
**
El último verso pertenece a Paul Éluard.
jueves, 2 de septiembre de 2010
No era gente de creer
LA EVIDENCIA
He buscado y hallé
hombres, mujeres que escribieron
sutil, violentamente
sobre sí, y me dije
convencida: hay buenas personas
en este mundo.
Leí y abrazaba esos libros
como abrazo a personas,
reí, sufría, estudié tanta palabra
escrita
por esos hombres y mujeres,
creía en su palabra con una voluntad
animal. Hasta aquí fue
todo: cargué cada ejemplar en cajas,
enormes y pesadas cajas,
con esfuerzo
las bajé hasta la calle y esperé
la hora de paso del recolector
de basura. Nunca
me duermo hasta que no veo ni oigo girar
la compactadora del camión.
Siempre estoy ahí, como
si se tratara de una cita inolvidable.
Cuando llega, corroboro
lo que hice esa noche. Saludé
gentilmente a los muchachos mientras
cargaban las cajas, le di
propina a cada uno, por
el esfuerzo, y volví a casa.
La decisión fue la de un crimen premeditado
e imperfecto, como todos. Aún
desconozco el motivo cabal,
sólo una vaga y brumosa
sensación, inapelable,
fue lo que determinó este asunto: qué clase
de personas serían estas
que ríen y sufren
tan sutil, tan violentamente
por escrito.
No eran palabras
como hechos. No era gente de creer. Por
eso fue, por eso.
De La calma (Ediciones Libros de Tierra Firme, 1991) y recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.
He buscado y hallé
hombres, mujeres que escribieron
sutil, violentamente
sobre sí, y me dije
convencida: hay buenas personas
en este mundo.
Leí y abrazaba esos libros
como abrazo a personas,
reí, sufría, estudié tanta palabra
escrita
por esos hombres y mujeres,
creía en su palabra con una voluntad
animal. Hasta aquí fue
todo: cargué cada ejemplar en cajas,
enormes y pesadas cajas,
con esfuerzo
las bajé hasta la calle y esperé
la hora de paso del recolector
de basura. Nunca
me duermo hasta que no veo ni oigo girar
la compactadora del camión.
Siempre estoy ahí, como
si se tratara de una cita inolvidable.
Cuando llega, corroboro
lo que hice esa noche. Saludé
gentilmente a los muchachos mientras
cargaban las cajas, le di
propina a cada uno, por
el esfuerzo, y volví a casa.
La decisión fue la de un crimen premeditado
e imperfecto, como todos. Aún
desconozco el motivo cabal,
sólo una vaga y brumosa
sensación, inapelable,
fue lo que determinó este asunto: qué clase
de personas serían estas
que ríen y sufren
tan sutil, tan violentamente
por escrito.
No eran palabras
como hechos. No era gente de creer. Por
eso fue, por eso.
De La calma (Ediciones Libros de Tierra Firme, 1991) y recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)