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domingo, 8 de julio de 2012

Silencio


Es aquí un misterio natural,
aquí donde el silencio es mago,
mi señor. Lo único que cruje es el pasto.
El amor resuena
como un verso antiguo.
Resuena menos que el silencio
y más que los grillos.
Nadie ocupará su lugar, su silla.
Canta conmigo como yo,
con la boca cerrada. Tranquilo como yo despierta
y pone a mover las cosas,
a que hagan su ruido. El silencio sabe
por qué calla; hace decir y calla.
Misterio natural a la hora dorada.


**
De La dicha (2004), recopilado en La mitad de la verdad (2008), ambos en bajo la luna editorial.

martes, 10 de enero de 2012

El hormigueo

Sol de invierno
insiste
como un amante genuino
tiñe ramas apretadas
tallitos de paraíso
lame mi corazón
como a la hojarasca.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Más pudorosos que Dios

De archivo


DICHOSOS los que baten palmas
y hacen ruido con los pies,
y contestan a los títeres, al
actor que bromea y ríen,
dichosos
el sordo que canta y silba
y el ciego afinado que mueve su cuerpo
y apunta su cara al cielo.
Dichosos los que saludan
por la calle,
bailan, sueltos
de andar, de nada para perder,
más pudorosos que Dios,
sinvergüenzas, dichosos.
Dichosos los que copulan
dormidos, y al despertar
copulan despiertos,
los viejos que charlan con
sus atadillos, y se burlan de las palomas
y del frío.
Dichosos los que lloran
porque son tristes
y los que ríen cuando
la lluvia empapa lo puesto
a secar, dichosos
el rojo, el azul y el amarillo.

De La dicha (2004), recopilado en La mitad de la verdad (2008), ambos en bajo la luna editorial.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Una vieja versión

Paisaje

Tranquila, segura,
di luz desde el faro.
He ilusionado una tierra cercana
y cálida, a quien quiso creer.
Contemplé el remolino lento 
del barco hundiéndose,
he visto resarcir la buena madera de tu barco, y
giré hacia otro lado: esta torre me permite divagar y
dar la espalda, o mirar de frente
los barcos útiles,
los ebrios, los barcos de humilde condición,
todos sometidos por Agua y Viento.
La luz apenas les avisa
o los embauca.
Tranquila, casi segura, porque
esto ya se acaba:
bajo por la escalinata del faro a andar
sobre las dunas. Ése es el barco que
me trajo hasta aquí. Ése es el náufrago:
morir bajo el sol hubiera sido pleno.

La arena hace cosquillas, quema;
voy a arrancar los dientes de león; 
la dicha es tosca como esos cardos anclados.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Una mujer en la arena*

Sangre y arena
hay en el círculo exacto,
en pleno día muere el toro
o el torero,
sangre y arena  
en el sitio exacto:
la arena atrae la humedad,
dice la mujer desde el foso,
apunta al actor: “Sin víctimas, amor,
sin víctimas”,
sangre y arena hay en mi corazón.


Nota: el título es homónimo del film de Hiroshi Teshigahara; las comillas pertenecen a Eduardo Mileo.
De La dicha, bajo la luna editorial, 2004

viernes, 21 de octubre de 2011

Reír, eso quise

(de archivo)

Remordimiento

Nunca tuve
lo que se dice una buena dentadura.
Con mi boca mordí
su nuca, su garganta,
pero la forma de morder
se fue adecuando al poco
calcio, la poca fuerza, a
las piezas postizas y a las que
fueron salvadas. Reír, eso quise.
Perdí las ganas de morder
como quien deja la vida a un costado,
la ve ahí,
un vestido de fiesta doblado en la silla.

Llovió sobre el jardín, gotean
de lluvia y de un rocío
nocturno
bombitas de colores.

Ahora, con lo que tengo dado
y quitado, con mi boca
beso,
y cada noche, antes de dormirme,
ruego a Dios
no morir con los ojos abiertos
los dientes apretados.

De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial 2004 y 2008 respectivamente.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Un tenedor para hincar

Un tenedor para hincar
un diente,
dos, tres, cua
que tengan algo
de pan,
dos, tres, cua
que tengan algo
para dar, quitarse el gusto,
trocar placer
por dolores,
un tenedor gastado,
sin un diente,
dos, tres, cua
que tengan algo
con qué reír, morder,
chistar a un pájaro.


De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial, 2008).

sábado, 27 de agosto de 2011

Como ese hilo tendido...

Como ese hilo tendido
desde la rama hasta la hoja,
que no es de araña ni seda,
de agua parece,
un cordel imperfecto
seguro hasta combarse,
así la tranquilidad.

                                                                                              para Hugo Luna


De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial, 2008).

martes, 14 de junio de 2011

“Mi corazón está cansado como mendigo verdadero”

                                                “Mi corazón está cansado como mendigo verdadero”
                                                                                                     Fernando Pessoa



No como el que estira la mano
y con el gesto cóncavo pide,
no como el que tiene miedo sino nada,
y pide;
el corazón está cansado
como un mendigo sin necesidad,
ausculta lo que hay, y late, late.



De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial 2004 y 2008 respectivamente.

lunes, 6 de junio de 2011

EL PIANO

El bajofondo,
el bajofondo alcohólico del mar me recibe
con un ruido exagerado: un piano
cae y me arrastra con él.
Pájaros navegan,
sonámbulos,
husmean las teclas del piano, les tiran su
aliento, van alrededor
de la caja como pompa fúnebre.
Subo a la superficie envuelta
en algas y plancton.
La soga se desprendió
de mi pie, cae
adonde descansa un piano.
¿En qué momento dejé hundirme
en el bajofondo
de pianos y de pájaros?
¿Mi voluntad eligió vivir?

Un piano descansa en el bajo
fondo del mar,
como un abismo mudo.


Para Raúl Mileo
Basado en el film La lección de piano de Jane Campion.
De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial 2004 y 2008 respectivamente.

miércoles, 13 de abril de 2011

El damasco

Yo que he muerto por propia voluntad, que
reviví por voluntad de otros,
ahora me veo muriendo
de muerte natural en unos años,
la cabeza encendida,
iluminada de ansia pura,
asombro,
fuego insensato parecido a locura senil,
a infancia,
que he vivido más o menos de
lo que cuenta la ley o el sino,
que he muerto por la esquiva
humedad.

Curioso, la risa,
como un líquido,
me sostiene y aprieta el corazón.
He andado así, nunca una meseta
ni la tensión superficial
del lago. Yo que morí por propia voluntad
dormida sobre un médano, y
el sol me ha acariciado muerta y viva,
ahora disfruto
su piedad como a un damasco,
dulzura inconcebible,
insensato damasco que pruebo
y río, oscura,
dichosa de mí.


De La dicha (bajo la luna, 2004), recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna, 2008)

domingo, 6 de marzo de 2011

La dicha

Lo que no esperé
hoy no vino. El anhelo es
dificultad para respirar.
Y el deseo, muerte
de la esperanza.

De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial, 2008).

domingo, 30 de enero de 2011

El crujido

Ya no la inmensidad,
la luna perdida entre las nubes ausculta algo
que no es nada.
Se acabó el brillo y el fulgor se detuvo,
como un espasmo, se detuvo mi mano en el aire
que acabó con todo.
Un no más intenso que el sí
de las niñas, esas que
creían en el destino y en las mareas,
la luna perdida entre las nubes,
esas que corrían a arrancar amapolas,
con la boca succionaban el tallo
de cada cual, raspaban con los pies rocas
hasta roerlas, más que el aire y el agua,
el tiempo perdido de las niñas se acabó,
como un espasmo; ni un solo gemido en la noche
cruje la intensidad, se derrama.
**
De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad (ambos en bajo la luna editorial, 2004 y 2008, respect.)

viernes, 14 de enero de 2011

Como si esto o lo otro o lo de más allá

“LA FORNICACIÓN ES UN PÁJARO LÚGUBRE”
Abelardo Castillo


Escucha cómo cae la lluvia,
como si no hubiera amor ahí
ni luz, nada más líquido, más sonoro,
como si sólo eso quedara,
sin amor sin tiempo
sólo mi mano que cierra casi todo,
tus párpados como a un muerto,
y de a una cada mano tuya, agua en los párpados,
yéndose de cada mano
como se va de una piedra o de un bosque,
sin apuro cae,
sin malicia, inunda lo que no debería,
escucha cómo cae
solamente,
como si nadie viviera ni me tocara ahora
o nunca me tocara
salvo lluvia
como si la fornicación fuese congoja pura,
un pájaro lúgubre,
escucha, escucha cómo cae
mi cabeza en el magma de tu axila,
sin amor, sin tiempo,
disonancia,
como si esto o lo otro
o lo de más allá
acabara siendo lluvia,
algo de placidez
o de borrasca,
como un náufrago que espera no la isla
sino la nada, como si no hubiera tiempo, amor,
y un pájaro lúgubre gritara la desesperación del mundo
lluvia sobre un techo de zinc,
y fuera eso,
lluvia que cae sobre un techo de zinc,
el mundo sin necesidad,
como un pájaro que pierde el vuelo y cae
extenuado, apenado de sí mismo,
sostuvo el cielo allá arriba
entre las alas, y ahora, no pienses,
escucha,
no, así no, por qué así,
escucha cómo cae la lluvia.

De La dicha (bajo la luna, 2004), recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial, 2008)

domingo, 9 de enero de 2011

YO ESTUVE A LA ORILLA DE UN RÍO

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se
llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


Yo estuve a la orilla de un río
blanco, yo vi un río blanco desde mi ojo
terriblemente azul
por la mirilla de un arbusto,
no la alcantarilla.
Palpé los ganglios de ese río, latían
como laten los sapos de René Char,
afortunados.
Desde ese ojo vi que mi sombra bailaba
mientras yo observaba quieta
la orilla, la de un río blanco. Estuve
como puede estar cualquiera, de paso,
de rodillas, así miré, toqué una arena abandonada,
blanca como un río que vi desde la orilla.
Nunca digan que poseo una voz
particular, nunca mi garganta plagió tanto
el borde de ese río.
Yo estuve a orillas de un río
blanco como arena abandonada, arena tibia,
danzaba y mi sombra
miraba el horizonte, buscaba un rumbo,
islas perdidas buscaba, a orillas de un río
blanco, de agua blanca.
Esa agua latía como un ganglio,
deseosa,
arropada en un andar tranquilo,
y dejaba en la orilla sólo arena,
una arena blanca,
abandonada.

de La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

viernes, 31 de diciembre de 2010

Más pudorosos que Dios

DICHOSOS los que baten palmas
y hacen ruido con los pies,
y contestan a los títeres, al
actor que bromea y ríen,
dichosos
el sordo que canta y silba
y el ciego afinado que mueve su cuerpo
y apunta su cara al cielo.
Dichosos los que saludan
por la calle,
bailan, sueltos
de andar, de nada para perder,
más pudorosos que Dios,
sinvergüenzas, dichosos.
Dichosos los que copulan
dormidos, y al despertar
copulan despiertos,
los viejos que charlan con
sus atadillos, y se burlan de las palomas
y del frío.
Dichosos los que lloran
porque son tristes
y los que ríen cuando
la lluvia empapa lo puesto
a secar, dichosos
el rojo, el azul y el amarillo.

De La dicha (2004), recopilado en La mitad de la verdad (ambos en bajo la luna editorial, 2008).

domingo, 28 de noviembre de 2010

Levanten las reposeras, los detalles

EL RITO



Levanten sus cosas,
sus muslos firmes, el canasto cargado
hasta el tope, todo para mantener
el agua fresca y caliente la leche,
todo guardado fuera de lugar ya;
cubran a sus niños del frío
y del ocaso,
levanten las reposeras, los detalles,
y dejen hablar al mar conmigo.
Las várices de las viejas
sufrientes o luchadoras o satisfechas
por lo que han hecho al cabo con sus vidas,
recójanlas
así como los hombres recogen menudencias
de su mediomundo,
esos que pescan con red,
y los bravíos que llevan el sedal lejos, lejos;
levanten,
hombres morenos de vellos tan rubios, las carpas,
aten las sogas con un lamento parecido a
hoy no me he hecho a la mar, tampoco hoy, y dejen hablar
al mar conmigo.
Chicos aturdidos por su rutina sonora,
levanten sus juegos, miren una vez más hacia la playa,
vuelvan,
vuelvan al hogar,
a la monotonía, a los detalles.
Parejas silenciosas, levántense a caminar,
a que la luna corrompa
la boca de cada cual, el pecho de cada uno,
hagan que las aguas por fin se abran,
como si nada,
levanten y huyan
amable, cuidadosamente
del ocaso,
de la espuma estéril que queda en la orilla,
y dejen conversar al mar conmigo.


De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Hay para comer

La hormiga



Venía invierno,
y me propuse cargar
la hoja brillante o seca
para guardar haber; era esbelta,
sostuve la hebra
o el bulto incomprensible de llevar,
tenía el para qué, tracé
caminos para ir y
volver, e ir de vuelta,
verdes brillantes,
hojarasca, todo para qué,
invierno venía.
Ahora estoy aquí, guardada,
aterida, recuerdo la luz,
la carga, la alegría de llevar y
traer,
y el agobio (por qué habría de extender
sus alas la mariposa de un día –dijo en voz alta
la hormiga).
Invierno vino.
He traído hasta aquí hojas,
hay para comer,
la tierra está fría y húmeda,
puedo tocarla,
estirarme en el alivio
o tiritar.

De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial), 2008

jueves, 4 de noviembre de 2010

Dicha mía, ríete

Atrévete a reír
dicha mía, ahora que la ironía
canta otra vez: nunca es
mañana digo basta; hoy es
este repetir el son,
el tin de la campana:
he cometido un grave error
(dicha mía, ríete): he amado
sin dejar al otro decir
algo sensato,
he amado sin el otro, sin
permiso, por favor, aquí todos
se mueren de amor,
ríete dicha mía. Has cantado
cuando el cisne hundía su cabeza
en el lago y volvía a levantarla,
soberbia, empapada de un agua que no es
más que efímero espejo;
déjala correr así tu vida sigue,
déjate reír así,
olvida el ruido del agua.

Para Eduardo Mileo
**
De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

domingo, 17 de octubre de 2010

Dame en la boca, madre

Dame de ese cántaro, madre,
que llueven gotas de leche,
caen en mi boca
desde tu cántaro de dos picos.
Dame en la boca, madre, que
de tu leche llueven gotas, sombrías
como cántaro cascado.


De La dicha, recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.