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miércoles, 10 de junio de 2015

Milonga entrecortada para Madame Bovary

                                                                              Quiso vivir sus sueños.
                                                                               Gustave Flaubert


No me acusen de extravío
porque en todo lo soñado
fui erudita
y si lo vivido fue
mentira y
vano
el cortejo que me gano
sirvió para ser bendita.

Ni lo acusen al autor
de haber abierto la boca
tanto él como esta loca
nos han dado la razón.

Así que descanse en paz
mi cabeza bien amada
y el cuerpo, desarropada,
no les llame la atención:

el frío que yo viví,
el calor de la mentada
sólo quedó para mí,
del dolor no quedó nada, casi
nada.

De La calma (Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial, 2008).

sábado, 24 de marzo de 2012

No hay lugar para la huida, ángel del deseo

JINETES DEL APOCALIPSIS
(De archivo)

No hay lugar para la huida, ángel
del deseo.
Ellos, que dicen que son fantasmas,
siguen haciendo malas artes,
influyen, lo hacen bien,
estorban la huida, ángel
del deseo. Me corrompen.
Adonde fuera, el sol o la lluvia
me perseguirían como un testigo;
adonde me quedara,
ellos,
que dicen que son fantasmas,
mandarían cartas anónimas, desapasionadas
o donde la pasión
ocupa un lugar antiguo, de pacotilla.
Ahora, dicen,
el cielo se resquebraja tanto como
el suelo,
la gente lee libros trágicos,
sueña con llanuras que
parecen desiertos.
Ahora, dicen, todo ha terminado.
Y yo quería un lugar,
un toque
de infancia,
una frase verdadera.

De La calma (Libros de Tierra Firme), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

sábado, 17 de marzo de 2012

De archivo

TATUAJE I


No uses pincel de cerda,
ni pelo de conejo;
procura lo más suave: bigote de ratón o cabello
de niño.

Severo Sarduy


Enemistada con la vida
que ofrecía tanto,
vaciada,
dispuesta a reír,
a dar algo
hube de hacer las cosas
trastrocando
girando un escalpelo
mojado en tinta hube
de limar
punzar
un dibujo
expresionista.
Si la espalda fuera más condescendiente,
si mi enojo con la vida
fuera más liviano... por qué hube
de elegir un estilo
tan antiguo, un dibujo
tan dolido y
raro


De La calma (Ediciones Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

martes, 21 de febrero de 2012

Pesca en el lago

Al lado de los patos
(una familia de pequeños patos salvajes)
navega una botella de lavandina,
de plástico, amarilla.
Para algunos filósofos y poetas / esto fue
una imagen de lo real miserable.
Creían que
había sido puesta
precisamente ahí, junto
a patos salvajes, en el lago,
para regocijo y reflejo causal
del desencanto.
El plástico amarillo navegó
hasta detenerse en una isla artificial.
Los patos dieron la vuelta y
siguieron su camino.
Patos hambrientos, pensé, van a comer
la carnada perdida
por esas cosas de la corriente.
Los chicos veían cómo se alejaba su botella
hacia el centro del lago,
maldijeron al viento
y sólo atinaron a sufrir
y a sonreír.

De La calma, recopilado en La mitad de la verdad, 2008

miércoles, 12 de octubre de 2011

Hermano lobo

Y de todas maneras, lo que conocía del caballo universal procedía de la huella, que era singular.                                  
                                                                                                                Umberto Eco

Debo agradecer
su punto de vista
y esa pulcritud silenciosa
o bullanguera
con que (lo)
vaciaban
ideas claras, taciturnas
clandestinas o temibles
eran ideas
que precisé
para entender
un abismo
mudo.

Recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna, 2008)

jueves, 29 de septiembre de 2011

ELLA CREÍA QUE TODO DEBÍA SER, DEBERÍA SER HENO



Ahora que soy grande –se dijo–
voy a tener que aprender (y a medida
que se lo decía sufría) a registrar
acordarse tal poema fue escrito por
ese poeta
memorizar tengo tal libro (¿lo tenía?, ¿alguna vez
tuvo el nombre de lo que tenía?)
Qué más da –se dijo–, habrá que aprender
descifrar no
registrar
nociones no
aquel hombre es a tal obra
no, al revés no
y si alguien
sueña
deducir la notación:
esto es paja
esto es heno.

De La calma (Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial, 2008)

martes, 23 de agosto de 2011

El único conversador

Sólo en la tumba
una está a sus anchas, dijo
la muerta.
Allí el cuerpo retoza
y el alma pide a gritos silencio.
Sólo en la tumba
una se desplaza y siente
por primera vez
la frescura del barro, la
ilusión
de que el único conversador
puede ser
el olvido.

De La calma (Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial, 2008)

miércoles, 10 de agosto de 2011

Contra la gangrena

Tensa como un pavo real a punto de
abrir la cola magnífica
con ese gesto altanero, su plumaje, quitó
con un peine fino
los pocos piojos que había en el pubis,
colocó chinches estratégicas en algunas fotos, mala superchería,
alquiló un mantón enorme y negro con flecos hasta el piso
y se puso a responder el epistolario:
“Víctima de mi suicidio
salí a respirar aire puro”, escribió, “e
ilusa, hasta habían chupado el agua
en el lago del parque”. La brutalidad del texto
era parecida a la tensión: a qué se debían
esas ganas de reírse del mundo;
no lo sabía.
No, todavía no.
Así que devolvió aquel mantón dramático
y pasó la lengua
sensualmente por el borde
gomoso de la correspondencia,
quiso probar
sin sensatez ni oprobio
ni oquedad
eso que la gente hace,
así de sencillo,
cuando no ha muerto.

De La calma (Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial, 2008)

sábado, 14 de mayo de 2011

CARTAS A MI MADRE

Por ahora el gran pintor
es el viento, dice mi madre, mientras
arrastra con un pie
un manchón amarillo, hojas
que caen sobre el parque desconocido.
Por ahora el gran pintor (es el viento, dice)
nos dibuja
separadas por un árbol de tronco inmenso;
ah cómo quisiéramos juntar nuestras manos
bailar alrededor
apoyar una mejilla sobre la corteza helada.
Pero estamos separadas
por el tronco inmenso de un árbol
en el parque desconocido.


**
De La calma (Libros de Tierra Firme, 1991), recopilados en La mitad de la verdad (bajo la luna, 2008)

martes, 26 de abril de 2011

CLAROSCURO

Dentro de un rato
todo va a volverse opaco.
Las luces y sombras, que ahora brillan,
se resolverán en una nada monotónica.


De La calma (Libros de Tierra Firme, 1991), recopilados en La mitad de la verdad (bajo la luna, 2008)

martes, 19 de abril de 2011

SOSTENIDO

He perdido una música



**
De La calma (Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial, 2008)

sábado, 16 de abril de 2011

Los crisantemos no eran dalias

DURA PUREZA

Decente como una columna
fui a buscarte, decorosa como tabla donde se pica
el ajo blanco, una cebolla,
previa como la sábana
recién tendida;
así creo que
fui a buscarte,
más pura
que la espera.
***
ESTIVAL


No hay margaritas a la hora de la siesta
cuerpo rotundo cayendo encima
de mí, no hay margaritas
los crisantemos no eran dalias,
he confundido al muerto,
el cuerpo era tosco, era suave
este darme vueltas sobre el pasto me agita
sed me da, y no flores,
no flores.

**
De La calma (Libros de Tierra Firme, 1991), recopilados en La mitad de la verdad (bajo la luna, 2008)

martes, 8 de marzo de 2011

“FIESTA ASESINADA” R.G. Aguirre

Yo no te uso, yo te amo.
Raúl Gustavo Aguirre

Peleo con la muerte, ay,
porque estoy viva.
Pelea conmigo, él,
pues soy mujer.

Yo lo amamanto sabihonda.
Él me cuida
con su mano fría.

De La calma (Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial, 2008)

domingo, 27 de febrero de 2011

LA FICCIÓN

Creo en lo que dicen las palabras,
no en lo que son.
Por eso
me miento a mí misma.




De La calma (Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial, 2008)

martes, 11 de enero de 2011

LA CALMA

No se puede o no es posible, ya no me acuerdo cómo
lo dijo Ortiz, vivir en permanente estado de
grieta. Pasar de la euforia a la grieta
es adolescente, no maduro,
algo así decía.
Entonces qué es ser adulta. ¿Pasar
a la tranquilidad, casi obsesiva,
y no caer, subir
como un exabrupto?

¿Es no adolescer?

Miller, otro escritor, se reía tanto,
iba por la calle y charlaba
con la gente, en la feria, en los bares,
en un momento en que sufría dijo:
Ah, moriré de tranquilidad.

Sólo dos veces anduve tranquila,
¿o tres?, ¿o cuatro?
Digamos que diez veces anduve tranquila,
y miraba el sol con un respeto mutuo,
nos hacíamos guiños como si yo supiera que más tarde
iba a nublarse, y como si el sol supiera
que a su pesar, a mi pesar,
no iría a defraudarlo, en
el ojo de la tormenta. No,
la calma no era artífice de ningún
pensamiento preconcebido, titilante, sobre la
historia del mundo,
el mundo y yo caminábamos
en esos pocos momentos, como si la grieta
o la euforia
no fueran aplicables
a lo que nos pasaba.
La gente sabe mucho más sobre esto
que una,
la gente sufre y tiene picardía,
y se alegra. Bueno,
sabe mucho más que una.

Por eso ¿qué es la adultez,
don Ortiz?
Si
no adolescer
ni morir
de tranquilidad
(¿sólo al final? ¿en el eterno final?)
o de intemperie.

De La calma (Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad (bajo la luna editorial, 2008)

martes, 21 de diciembre de 2010

¿Quedará sólo el trazo?

PENTIMENTO


Si se desvanece la capa gruesa de témpera
y lo que vio
fue mascarada y miseria, miseria y mascarada
qué queda de mí, qué sucede
si la cuota
de lavandina no desarma
pero desvela
eso que no fue sólo miseria,
angustia, en colores, chicos y chicas
bailando o sufriendo en colores
¿quedará sólo el trazo?
¿el multiforme pero no un trazo
rudo, ascético,
mudo?
¿y quedará como cicatriz o
llano dibujo,
no muy dolorido, ni siquiera aburrido, que
devino de mí, de fábula y realeza?

Si la témpera se opaca por la lavandina
¿quedará acuarela?
¿Habrá textura con qué
ver que el arrepentimiento no lo tengo
no era mío
ni existe?
Y quién, qué
desviste la pintura
semejante.

El subrayado pertenece a Thomas Mann.
**
De La calma (Ediciones Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Si la antena de la radio funcionara

EN LA RUTA


Lo único que podría curarme
o que al fin me sacara de este hospicio
es subir a un auto de línea sport
no muy confortable
pero amplio
que lo manejara
un hombre pudiente
potente
y valeroso
o sea temeroso de sí.
Si él aceptara conducir hasta la ruta
(odio el límite de la ciudad,
ese bochorno de la pobreza salpicado por uno que otro
cardo o girasol),
donde comienza la fila larga y azul del lino
o los maizales, amarillos,
si la antena de la radio funcionara
yo podría quitarme este peso de encima
podría mirar las cosas de forma diferente.

Sin que intervenga, sin presión de ningún tipo
este hombre serio o
sonriente
me acariciaría suavemente la nuca
de manera tal
que mi pelo pajizo se convertiría en lacio
mi nudo nervioso pasaría a
relajarse,
y podría mirarlo de frente, sonreírme yo también
o al menos
dibujar un nombre en la ventanilla
sin problema, como si él no existiera.
Entonces yo tomaría el volante
y mientras él descansara
(mirando fijamente la mano contraria)
me pondría a cantar esas canciones de
preguerra que tanto enloquecieron a la generación
anterior.
Sólo así podría dominar mi ira
solamente así.

Cuando el auto se haya alejado bastante
y el calor sólo sea
esa curiosidad
por las mariposas estrellándose
contra el motor,
y el hombre a mi lado no se inmute
ni se inmiscuya
cuando la
alegría
sea lo único que me plazca.

De La calma (Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

sábado, 4 de septiembre de 2010

Como un adolescente tuve fe

FIN DE ESTACION



Como una ciega me puse a oler los maremotos
como una ciega que tiene sed
quiere agua, quiere ver el agua. Como
un gigante aplastado
toqué el pasto
tanteé el suelo, como
una infeliz
deseché mi casa como una infeliz,
como un sabio desgajé una fruta y
como un adolescente tuve fe,
como un muerto tenía un único elemento.
**

El último verso pertenece a Paul Éluard.

jueves, 2 de septiembre de 2010

No era gente de creer

LA EVIDENCIA


He buscado y hallé
hombres, mujeres que escribieron
sutil, violentamente
sobre sí, y me dije
convencida: hay buenas personas
en este mundo.
Leí y abrazaba esos libros
como abrazo a personas,
reí, sufría, estudié tanta palabra
escrita
por esos hombres y mujeres,
creía en su palabra con una voluntad
animal. Hasta aquí fue
todo: cargué cada ejemplar en cajas,
enormes y pesadas cajas,
con esfuerzo
las bajé hasta la calle y esperé
la hora de paso del recolector
de basura. Nunca
me duermo hasta que no veo ni oigo girar
la compactadora del camión.
Siempre estoy ahí, como
si se tratara de una cita inolvidable.
Cuando llega, corroboro
lo que hice esa noche. Saludé
gentilmente a los muchachos mientras
cargaban las cajas, le di
propina a cada uno, por
el esfuerzo, y volví a casa.
La decisión fue la de un crimen premeditado
e imperfecto, como todos. Aún
desconozco el motivo cabal,
sólo una vaga y brumosa
sensación, inapelable,
fue lo que determinó este asunto: qué clase
de personas serían estas
que ríen y sufren
tan sutil, tan violentamente
por escrito.
No eran palabras
como hechos. No era gente de creer. Por
eso fue, por eso.

De La calma (Ediciones Libros de Tierra Firme, 1991) y recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008.

martes, 31 de agosto de 2010

TATUAJES

TATUAJE I


No uses pincel de cerda,
ni pelo de conejo;
procura lo más suave: bigote de ratón o cabello
de niño.
Severo Sarduy


Enemistada con la vida
que ofrecía tanto,
vaciada,
dispuesta a reír,
a dar algo
hube de hacer las cosas
trastrocando
girando un escalpelo
mojado en tinta hube
de limar
punzar
un dibujo
expresionista.
Si la espalda fuera más condescendiente,
si mi enojo con la vida
fuera más liviano... por qué hube
de elegir un estilo
tan antiguo, un dibujo
tan dolido y
raro
***
TATUAJE II
Versión de Irezumi*

Quizá sea
esa mujer recostada sobre un adolescente
que sufre por mí:
voy a casarme,
la tinta, la aguja
y el plumín
están listos
a un costado, y el viejo maestro
quiso tatuarme así
porque el método es
seguro.
El adolescente tiene
los ojos acuosos, apenas me muevo
o salto por el dolor que
inflige el canuto de ganso en mi espalda,
como una uña, como incienso
encendido
él me mira
y toca suavemente mis codos.

Si quisiera salir de mi posición
el tatuaje demoraría
y con esto el casamiento: no debo,
el futuro esposo
desea ver la espalda desnuda
con dragones dispuestos a lo largo
y flores de cereza, de lis, de manzana
y que mi perfume
se parezca al dibujo.
Quizá sea esa mujer
recostada sobre el adolescente.

El ardor no se soporta
y aquí abajo se trata
de una piel demasiado
tersa que
me ayuda a olvidar esta pluma quemada, persistente,
como pico de pájaro
lengua
o punta
lógica, líquida
sobre la espalda,
no, aunque esté ya casi terminado
no voy a casarme
esperaré al aprendiz
del viejo,
posiblemente
yo sea
lo que imagino.

* Este film describe el tatuaje de una mujer a punto de casarse. Si-
guiendo esta antigua costumbre japonesa el artesano, como método
personal, decide colocar debajo de ella a un muchacho, aprendiz del
oficio, a efectos de terciar con el sufrimiento.
**
De La calma (Ediciones Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008