sábado, 24 de marzo de 2012

No hay lugar para la huida, ángel del deseo

JINETES DEL APOCALIPSIS
(De archivo)

No hay lugar para la huida, ángel
del deseo.
Ellos, que dicen que son fantasmas,
siguen haciendo malas artes,
influyen, lo hacen bien,
estorban la huida, ángel
del deseo. Me corrompen.
Adonde fuera, el sol o la lluvia
me perseguirían como un testigo;
adonde me quedara,
ellos,
que dicen que son fantasmas,
mandarían cartas anónimas, desapasionadas
o donde la pasión
ocupa un lugar antiguo, de pacotilla.
Ahora, dicen,
el cielo se resquebraja tanto como
el suelo,
la gente lee libros trágicos,
sueña con llanuras que
parecen desiertos.
Ahora, dicen, todo ha terminado.
Y yo quería un lugar,
un toque
de infancia,
una frase verdadera.

De La calma (Libros de Tierra Firme), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

lunes, 19 de marzo de 2012

Nocturna

Que quede la ropa recién tendida
y el viento y el temporal obren
por cuenta de dios. Finge
que también otro toca tu blusa, baja el bretel aquel, y
se hunde en la lavanda de las sábanas
como sueles hundirte tarde, tarde.




Inédito

sábado, 17 de marzo de 2012

De archivo

TATUAJE I


No uses pincel de cerda,
ni pelo de conejo;
procura lo más suave: bigote de ratón o cabello
de niño.

Severo Sarduy


Enemistada con la vida
que ofrecía tanto,
vaciada,
dispuesta a reír,
a dar algo
hube de hacer las cosas
trastrocando
girando un escalpelo
mojado en tinta hube
de limar
punzar
un dibujo
expresionista.
Si la espalda fuera más condescendiente,
si mi enojo con la vida
fuera más liviano... por qué hube
de elegir un estilo
tan antiguo, un dibujo
tan dolido y
raro


De La calma (Ediciones Libros de Tierra Firme, 1991), recopilado en La mitad de la verdad, bajo la luna editorial, 2008

domingo, 11 de marzo de 2012

Otro viejísimo poema

No te trae la lluvia
ni el viento acerca
siquiera un soplo,
un ruido, algún misterio.
Ni cuando arden mis ojos llega
a vos el
no verte.
Cada paso que doy
es para sentir el suelo
y anhelar una señal lejana,
cercana de que estás, ahí,
tan despierto como yo
y haciendo del tiempo una nada,
esa que horada cualquier elemento.
Dulce manotazo de ahogada, doy
lo único que doy: miseria, mascarada.

Ni la lluvia te trae
ni el polen; esto, Dios, no es natural,
es el llamado sino,
no el semen que quise tomar hasta
la euforia, la confusión.
Ni el viento acerca las cáscaras de otoño, la furia;
esto no es natural: el año pasa raro,
sin escrúpulos, hace calor
en mayo pleno.
Ni el mar dice
algo de vos, como si no hubiera
un secreto en este no.
Él, que como el fuego sabe
de los vivos y los muertos,
nada avisa
y declara: ausencia fatal, milagro del yo sólo, aguanta
y zozobra, pajarito divino,
mensajero ebrio que guías
la humareda de mí,
humo de colores, sube, deforme, desalmado,
aroma de ceniza y de chispa
que no podrás oler, esto no es natural,
estás tan oscuro y tan claro
como ese aire enrarecido
y como esa agua que no lleva
más que el ala
de mi ángel guardián, pajarito
que dicta: no estás, nada
te trae,
es el llamado sino,
es a quien llamo y
se pierde
como un eco mortal.

De Solo de contralto
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